“Erguida hacia los cielos, como antorcha de luz, dominando la llanura reseca como un oasis de paz”, de ésta forma describían los padres Agustinos en una publicación a la iglesia San Juan Bautista, en la celebración de su séptimo aniversario.
Este templo se encuentra ubicado en el sector de la Rosa Vieja, uno de las primeros caseríos qué conformaban la entonces incipiente Cabimas petrolera.
Según un relato del recordado cronista de Cabimas, el periodista Pedro Estrada, en sus orígenes esto fue un caserío por donde pasaron los misioneros frailes Dominicos hacia el año 1842, encontrándose un lugar lleno de cocoteros y árboles frutales donde los lugareños vivían de la pesca.
Fue en el año 1918, cuando se iniciaron las exploraciones petroleras en esta zona y se perforó el primer pozo petrolero el Santa Bárbara o R-1 (Rosa uno), dando lugar a una peculiar nomenclatura asociados a la actividad de la industria y que hoy forma parte de los nombres de lossectores, R-5, R-10, Gasplant entre otros.
El 14 de diciembre del 1922 se produce el famoso reventó del pozo Barroso 2, el cual asombro al mundo porque durante diez días consecutivos arrojó a más de treinta metros de altura la cantidad estimada en cien mil barriles diarios de petróleo, hecho histórico que le dio la vuelta al mundo y coloco a Venezuela en la mira de las grandes corporaciones.
Esta situación trajo como consecuencia la llegada de grandes cantidades de personas provenientes de los diferentes estado del país y también de extranjeros que comenzaron a poblar en forma caótica el lugar convirtiéndolo en una zona de vicios y prostitución.
La Rosa, fue el lugar donde también funcionó la primera oficina de una empresa petrolera del país y la primera bomba de venta de gasolina para vehículos.
La construcción del templo fue producto de una donación del empresario Antonio Aranguren 1868-1954, como un tributo de sus ganancias obtenidas por las concesiones petroleras ya que el era el propietario de las grandes extensiones de tierras donde se encontró el preciado oro negro.

Este empresario manifestó “Con ello creo cumplir con un sagrado deber que urge mucho resolver, en esta zona tan abandonada en el orden moral, intelectual y religioso.
A cuya organización quiero contribuir generosamente con entusiasmo y alegría para facilitar la obra apostólica y social que tanto se necesita en toda esa zona y con tanta urgencia”, escribía Aranguren en la carta de entrega de la iglesia.
A escasos 200 metros del lago, se erige el templo parroquial de San Juan Bautista, fundada un 8 de septiembre de 1953, por el entonces Obispo de Maracaibo Monseñor Marcos Sergio Godoy, desmembrado de la entonces parroquia Nuestra señora del Rosario a la cual pertenecía. En sus inicios la parroquia fue confiada al cuidado pastoral de la congregación de los padres Agustinos y abarcaba una gran extensión territorial que limitaba con el estado Falcón hasta llegar a los montañas donde nace el Río Tamare.
Posteriormente a partir del año 1968 la parroquia fue regentada por los padres Rosminianos, recordados por su gran dedicación apostólica y misionera. Sacerdotes como el padre Antonio Faccini, Arturo Vilotti, padre Stephen Harney, padre José Dondi, Renzo Forti y el padre Andrés Adobatti, figuran entre otros grandes pastores qué dejaron una huella imborrable entre los parroquianos.
Los Rosminianos estuvieron hasta el año 1991 pasando luego al cuidado pastoral de la Diócesis de Cabimas hasta el día de hoy.
Esta es también la única iglesia después de la Catedral en donde por tradición llega todos los años la multitudinaria procesión de San Benito.
En los actuales momentos el templo dedicado a San Juan Bautista, representa un patrimonio religioso, arquitectónico e histórico de la Costa Oriental del Lago, su interior se encuentra decorado con pinturas y murales elaborados por el reconocido artista plástico Robert Sánchez, realizados por encargo de Monseñor José Ocaña.


Su actual párroco el padre Heberto Ávila, realiza importantes esfuerzos conjuntamente con la comunidad parroquial para mantener y recuperar esta importante obra arquitectónica qué ha sido testigo de los cambios y transformaciones qué el petróleo ha provocado en nuestras comunidades, una población que todavía sueña con aquella promesa de progreso y porvenir qué el chorro de morocotas provocó hacen ya 100 años.

Lcdo. Alfredo Guanipa
CNP. 10.334

