Ciudad Ojeda es mucho más que un punto en el mapa. Es la historia de quienes la fundaron, de quienes llegaron después, de quienes la habitan hoy.
Es la memoria de quienes soñaron sus avenidas, la esperanza de quienes siguen trazando su futuro y la fuerza de quienes la sostienen con su día a día.
Esta no es una edición escrita desde la distancia. La escriben quienes todavía creen en su ciudad como en algo vivo. Quienes saben que nombrarla con amor también es una forma de construirla.
Hoy le escribimos a Ciudad Ojeda para celebrarla.
Para acompañarla.
Para decirle que seguimos aquí.
Porque sigue siendo hogar.
Porque sigue siendo encuentro.
Porque sigue siendo nuestra.
Estas son cartas que celebran lo que fuimos, lo que somos y lo que podemos ser. Cartas que recuerdan la belleza de haber sido una idea ordenada que se volvió hogar de tantas manos y tantos corazones
Nuestra historia
El 19 de enero de 1937 el general Eleazar López Contreras, para entonces presidente de los Estados Unidos de Venezuela emitió el decreto que ordenaba la construcción de Ciudad Ojeda, la primera ciudad planificada de Venezuela.
En diciembre de 1989 resultó elegido como el primer alcalde del municipio Lagunillas, Mervín Méndez y como concejales: Raelzo Gutiérrez, Félix Gómez, Adelis Molina, William Sandrea, Luis Serrano, Edinson Martínez, Emiro Gotera, Amalio Marcano y Alirio Figueroa.
En diciembre de 1994 se inaugura la obra pictórica, el Gran Mural de Ciudad Ojeda.
El tanque de Ciudad Ojeda
El principal ícono de Ciudad Ojeda es un tanque que se alza como guardián de la memoria colectiva. No solo decora, sino que habla del trabajo, del lago, del petróleo, de la fe y de la gente que ha construido esta ciudad.

Alcalde de Lagunillas
«Aunque muchos partieron, sueño con verlos regresar, Ciudad Ojeda, te sueño fuerte, viva y llena de oportunidades porque CON DIOS TODO, SIN DIOS NADA»




Celebramos cinco años consecutivos publicando una edición especial de Ciudad Ojeda, dedicada a su gente, a su cotidianidad y a las historias que construyen identidad.
Es un ejercicio de memoria viva y de continuidad; un testimonio del camino recorrido, de las heridas y de las alegrías, pero sobre todo de la firme convicción de seguir creyendo en el futuro de esta ciudad profundamente humana.
Porque Ciudad Ojeda no es solo un lugar: es hogar, es raíz y es esperanza compartida.