Citojense Miltico alcanza los 1.600 kilómetros y se adentra en las comunidades indígenas rumbo a la Gran Sabana

Milton Medina, conocido como Miltico, está cada vez más cerca de cumplir el sueño que inició el 18 de mayo en Ciudad Ojeda: llegar en bicicleta hasta la Gran Sabana. Este sábado 8 de agosto reportó que alcanzó los 1.600 kilómetros de recorrido y que ya se encuentra en el kilómetro 88 de la ruta.

Lo que comenzó hace casi tres meses como una aventura que muchos consideraban una locura se ha convertido en una de las travesías más seguidas por venezolanos dentro y fuera del país.

A bordo de su bicicleta, bautizada como “Pollito 2.0”, Miltico ha atravesado estados, ciudades, pueblos y carreteras venezolanas, compartiendo cada jornada a través de sus redes sociales y mostrando no solo los paisajes, sino también las historias de las personas que ha encontrado en el camino.

Su recorrido ha estado marcado por momentos de esfuerzo físico, dificultades en carretera y numerosas muestras de solidaridad. En mayo, después de superar más de 340 kilómetros, incluso tuvo que realizar una pausa médica debido al agotamiento acumulado.

Posteriormente llegó a El Tigre, en Anzoátegui, tras completar unos 900 kilómetros, y continuó hacia el estado Bolívar. Su viaje también tuvo una pausa inesperada luego de los terremotos del 24 de junio, cuando decidió permanecer en Puerto Ordaz para colaborar con los centros de acopio y utilizar sus plataformas para ayudar a las personas afectadas.

En julio retomó la ruta y llegó a Upata, desde donde continuó avanzando hacia el sur del país. Para entonces ya había superado los 1.200 kilómetros y se encontraba nuevamente enfocado en alcanzar su objetivo.

Miltico llega a los 1.600 kilómetros

Ahora, el escenario es completamente diferente.

Miltico ya se encuentra en el tramo final de una aventura que lo ha llevado desde el Zulia hasta las puertas de la Gran Sabana. En su más reciente actualización, publicada este sábado 8 de agosto en su canal de WhatsApp, informó que llegó al kilómetro 88, después de completar 1.600 kilómetros sobre su bicicleta.

La etapa no ha sido sencilla. En el material que compartió desde la carretera mostró las condiciones complicadas de la vía, con huecos, fuertes pendientes y tramos que le han exigido maniobrar constantemente.

La vía está complicada”, comentó mientras avanzaba por el recorrido, al tiempo que mostraba los paisajes que comienzan a anunciar la entrada a uno de los territorios naturales más emblemáticos de Venezuela.

Pero esta parte del viaje también tiene un significado especial: Miltico comenzó a adentrarse en las comunidades indígenas del territorio pemón, una experiencia que ha descrito con evidente emoción.

El encuentro con las comunidades pemón

Uno de los momentos más especiales de esta nueva etapa ocurrió en la comunidad indígena de San Joaquín, donde Miltico confirmó que finalmente estaba entrando en territorio pemón.

En sus imágenes mostró el paisaje, las viviendas y parte de la vida cotidiana de las comunidades asentadas a lo largo del eje carretero hacia la Gran Sabana.

Durante el recorrido también llegó a la comunidad indígena de San Antonio de Rocío, ubicada en otro de los puntos de esta ruta, donde tenía previsto descansar.

La experiencia le permitió además conocer parte de la gastronomía indígena. Miltico compartió el momento en que probó el tumá de brosá, una preparación picante que le ofrecieron los habitantes de la comunidad.

Entre bromas y comentarios sobre el picante, el ciclista terminó reconociendo que el plato le gustó.

Más allá de la comida, el encuentro representa otra de las experiencias que han convertido su recorrido en mucho más que un viaje en bicicleta.

Desde el comienzo, Miltico ha insistido en que su intención es conocer Venezuela, compartir con sus habitantes y documentar cada etapa. Su paso por distintas localidades ya había generado numerosas muestras de afecto, desde personas que salían a recibirlo hasta ciudadanos que lo ayudaban con alojamiento, alimentación o reparaciones para su bicicleta.

Miltico pide tranquilidad en los últimos kilómetros

En medio de la emoción por alcanzar los 1.600 kilómetros, Miltico también hizo una petición a quienes lo siguen durante esta etapa final.

Explicó que quiere compartir con las personas y celebrar con ellas cada tramo conseguido, pero pidió que algunos momentos de la ruta sean respetados.

El ciclista señaló que existen personas que lo acompañan en motocicletas durante largos trayectos con el objetivo de grabarlo para redes sociales o generar contenido, una situación que, según explicó, le dificulta disfrutar del paisaje y aumenta el riesgo de sufrir una caída.

También manifestó preocupación por Lara, la perrita que se convirtió en su compañera durante buena parte de la aventura y que ha estado expuesta al ruido y al movimiento de las motos.

Miltico explicó que desea que los puntos de concentración y las llegadas sean espacios para compartir, conversar y celebrar, pero que durante determinados tramos necesita pedalear con tranquilidad, escuchar la naturaleza y conectarse con el entorno.

En vía quiero escuchar la naturaleza, hacer tramos tranquilos y solo, conectar con la naturaleza”, expresó en su mensaje.

De una “locura” a una historia que ya está cerca de la meta

Cuando salió de Ciudad Ojeda el 18 de mayo, Miltico tenía por delante una ruta que inicialmente parecía difícil de concretar. Las primeras publicaciones sobre su aventura hablaban de un recorrido de más de 1.300 kilómetros; con el avance de las etapas y las variaciones de la ruta, la distancia recorrida terminó siendo considerablemente mayor.

Desde entonces, su historia ha sumado kilómetros, pero también nombres, rostros y comunidades.

Pasó por el centro-occidente del país, atravesó los llanos, llegó a Anzoátegui, cruzó hacia Bolívar y tuvo que detener temporalmente su sueño para ayudar durante la emergencia provocada por los terremotos. Después volvió a pedalear.

Ahora, con 1.600 kilómetros acumulados y el kilómetro 88 como referencia de su actual recorrido, Miltico está cada vez más cerca de la Gran Sabana.

La aventura que comenzó entre dudas y escepticismo se ha transformado en una historia de resistencia, solidaridad y conexión con Venezuela.

Y para quienes lo siguen desde Ciudad Ojeda y desde distintos lugares del país, cada nuevo kilómetro representa una señal de que aquella idea que parecía una locura está a punto de convertirse en una meta cumplida.

por primeraedicioncol

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