Sus ojos ya no pueden ver el color de la vida, pero aún conserva muchos de sus recuerdos, más de un siglo de vida es tiempo suficiente para tener muchas experiencias.
A sus 102 años, Juan Herrera, aún tiene claro muchos de sus recuerdos y así poder sostener una amena y buena conversación.
Trabajó 36 años en la industria petrolera (Creole y Lagoven).
Sus primeros años de trabajo los realizó en el estado Monagas; luego fue transferido a Cañaveral en el estado Guárico.
Años después, la empresa lo trasladó a Caripito y Quiriquiri en el estado Monagas , de allí fue a Delta Amacuro, era el comienzo del auge de la empresa Creole y el personal de Oriente fue movilizado a Cabimas.
Así, Juan Evangelista Herrera llegó a Cabimas en el año 1963; ya ese tiempo ya estaba casado con Luisa Rojas, hoy en día difunta.
Procreó 10 hijos de los cuales 5 nacieron en Oriente y 5 en Cabimas, fuera de su matrimonio tuvo 2 hijas residenciadas actualmente en San Félix.

Su descendencia llega a completarse con 17 nietos y 18 bisnietos, la mayoría residenciados en el país y otros fuera.
En la calurosa Cabimas, Juan Herrera, o el “Amiguito” es como le conocen en el sector Concordia, el cual caminó por décadas como trabajador petrolero.
Recuerda aquellas mañanas cuando se sentaba en la vieja plaza de Concordia a leer la prensa en voz alta.
Fue formado en la empresa petrolera en el oriente venezolano, pero luego trasladado a la emergente Cabimas.
No nació en esta ciudad, el nido de El Barroso II, pero atestiguó parte del crecimiento de lo que fue un pequeño pueblo entre arbustos y a la orilla del lago de Maracaibo.
Con aún una voz firme y muy peculiar de hombre de campo, Juan Herrera cuenta cómo fue trasladado.
De aquellos días cuando fue llevado desde Oriente a los Llanos, sus días en el sur del país, y su residencia en Cabimas, lugar que considera ya parte de él.
Como Juan Herrera, miles de venezolanos fueron atrapados por la magia del oro negro que emergió en el viejo hato Los Barrosos en La Rosa de Cabimas.

Juan Herrera es un obrero centenario
Para la fecha, Juan Herrera tiene 102 años y El Barroso II cumple 100, y como dos hechos paralelos, han visto desfilar un sinfín de situaciones en el realismo mágico de Cabimas.
Llegó a Cabimas vía aérea, por el entonces moderno aeropuerto de Oro Negro y más nunca fijó de nuevo su residencia en su añorada región oriental.
Desde niño escuchó la algarabía de la actividad petrolera en Cabimas en el pequeño pueblo Las Alhuacas en Monagas.
Para su llegada al Zulia, 1.963, ya los balancines se habían expandidos en muchas zonas del país.
Experimentó el desarrollo de la región: el enorme puente sobre el lago, la extensa Intercomunal, la ampliación de la Lara-Zulia, de las decenas de calles y avenidas que nacieron en Cabimas.
Hoy no tiene dudas en asegurar que antes se vivía mejor.
Trabajó 36 años en la industria petrolera en la Creole que luego pasaría a llamarse Lagoven. “Eran otros tiempos”.
Hoy sus bisnietos, nietos e hijos se sientan a su alrededor en la pequeña sala de la casa ubicada en la calle Buenos Aíres de Concordia: escuchan sus historias, la de una Cabimas, de la cultura petrolera y sus aventuras en el resto del país.
Juan Herrera, con sus 102 años es el mejor ejemplo de los venezolanos de larga data, con muchas historias, educados, y hasta elegantes.
Aún su voz es fuerte y sus recuerdos vívidos y frescos; Juan Herrera llegó en avión a Cabimas y su vida hizo raíces en la tierra de El Barroso II y en donde bailan por kilómetros en honor al San Negro.


