Mientras miles de venezolanos seguían con angustia las noticias sobre la tragedia causada por los terremotos del 24 de junio, un grupo de 33 voluntarios de Ciudad Ojeda, estado Zulia, tomó una decisión que cambiaría sus vidas: viajar hasta La Guaira para ayudar en las labores de rescate, aun sabiendo que se enfrentarían a uno de los escenarios más devastadores de la historia reciente del país.
Enfermeros, fisioterapeutas, rescatistas y ciudadanos con conocimientos en primeros auxilios partieron hacia la zona de desastre movidos por un solo objetivo: ayudar a sus compatriotas.
«No podía quedarme en mi casa»
Entre ellos estaba Abdías Morín, quien relata que todo comenzó con una llamada inesperada. Un amigo le avisó que quedaba un puesto libre en un autobús que saldría desde el Zulia rumbo a Caracas para incorporarse a las labores humanitarias.
Sin pensarlo demasiado, aceptó.
«No podía estar en mi casa sin hacer nada», resume el joven, quien asegura que la impotencia que sentía al ver las imágenes del desastre lo impulsó a actuar.
Tras un viaje de aproximadamente ocho horas llegaron al Poliedro de Caracas, donde cientos de voluntarios esperaban ser asignados a distintas zonas mediante un sistema de registro. Su destino fue Catia La Mar, una de las localidades más golpeadas por el doble terremoto.
La realidad superó todo lo visto en redes sociales
Al llegar, Abdías comprendió que ninguna fotografía o video publicado en internet podía reflejar la magnitud de la tragedia.
«Una cosa es verlo por Instagram y otra completamente distinta vivirlo», contó.
En Playa Grande trabajó junto a equipos internacionales provenientes de Alemania, Estados Unidos, El Salvador y Países Bajos, quienes coordinaban las labores de búsqueda y rescate.
Aunque el deseo de todos era encontrar sobrevivientes, el paso de los días reducía cada vez más esa posibilidad.
«Terminamos ayudando a muchas familias a recuperar los cuerpos de sus seres queridos. Queríamos rescatar personas con vida, pero las circunstancias ya no lo permitían», expresó con evidente tristeza.
Una experiencia que marcó para siempre a los voluntarios
Los jóvenes zulianos coinciden en que el impacto emocional fue incluso mayor que el desgaste físico.
Abdías reconoce que aún le cuesta hablar sobre lo vivido.
«La intención era salvar vidas. No fue posible como esperábamos, pero sentimos que también era importante ayudar a las familias a despedirse de sus seres queridos», afirmó.
Su mensaje también estuvo dirigido a quienes desean ofrecerse como voluntarios en futuras emergencias.
«Si no estás preparado psicológicamente para enfrentar algo así, es mejor no venir. Aquí se necesita ayuda real y personas que puedan reaccionar en situaciones extremadamente difíciles».
«Nuestros hermanos nos necesitaban»
Otro integrante del grupo fue Abraham Estrada, vendedor de profesión y con formación en rescate.
Para él, las imágenes permanecerán para siempre en su memoria.
«No es fácil acostarse después de ver a familias llorando, personas buscando desesperadamente a sus seres queridos o esperando noticias entre los escombros», comentó.
El joven explicó que prácticamente no pudo dormir durante los días que permaneció en Catia La Mar.
«Nuestros hermanos nos necesitaban. No podía estar en mi casa sin hacer nada», aseguró.
Durante la emergencia, el terminal de Catia La Mar fue transformado en un gran centro de operaciones humanitarias donde se distribuían alimentos, medicinas, insumos médicos y llegaban brigadas de rescate de distintas regiones del país.
«Venezuela no estaba preparada para una tragedia de esta magnitud»
Para Adrián Hernández, contador público y otro de los voluntarios zulianos, la tragedia también dejó al descubierto las limitaciones del país para responder ante un desastre natural de semejante dimensión.
«No es un secreto que Venezuela no tiene suficiente personal especializado para enfrentar una catástrofe de esta magnitud», señaló.
Según explicó, los equipos internacionales aportaron experiencia y organización, mientras que los voluntarios venezolanos colaboraban siguiendo protocolos y apoyando en todas las tareas necesarias.
«No tenemos la preparación de un rescatista profesional, pero sí la motivación para ayudar», dijo.
Antes de viajar ya había participado en la recolección de alimentos y donaciones, pero sintió que debía hacer algo más.
«Como venezolanos, esta tragedia debía unirnos sin importar de qué estado somos», agregó.
Un ejemplo de solidaridad que conmueve a Venezuela
Después de varios días trabajando entre edificios colapsados, largas jornadas y escenas difíciles de olvidar, los jóvenes de Ciudad Ojeda tienen una mezcla de dolor, agotamiento y orgullo.
Aunque reconocen que nunca estuvieron completamente preparados para enfrentar una emergencia de tal magnitud, aseguran que volverían a tomar la misma decisión.
Su historia se ha convertido en uno de los testimonios más conmovedores surgidos tras los terremotos que sacudieron Venezuela, demostrando que, incluso en medio de la tragedia, la solidaridad de miles de ciudadanos sigue siendo una de las mayores fortalezas del país.
Porque, como resumió uno de ellos antes de partir hacia La Guaira:
«No podía estar en mi casa sin hacer nada».



Tomado de Efecto Cocuyo

