La rueda de prensa ofrecida por Enrique Márquez tres días después de su sorpresiva aparición en el discurso del Estado de la Unión del presidente de Estados Unidos puede marcar un punto de inflexión en el debate político venezolano.
El excandidato presidencial, exrector del Consejo Nacional Electoral (CNE) y recién excarcelado tras desconocer los resultados del 28 de julio de 2024, dejó clara su intención de asumir un rol protagónico en el complejo proceso de cambios que atraviesa el país.
Presentado por el presidente estadounidense como símbolo de los presos políticos liberados en el marco de la transición impulsada desde Washington, Márquez se posiciona ahora como un actor que aspira a ser “puente” entre el chavismo y la oposición democrática, en un escenario que contempla nuevas elecciones presidenciales como vía para legitimar las autoridades y recuperar la institucionalidad.
La imagen de Enrique Márquez en el Capitolio de Washington, durante el discurso del Estado de la Unión del presidente Donald Trump, recorrió el mundo. Su presencia no fue casual: representaba a los presos políticos liberados en la fase inicial de un proceso de transición tutelado desde Estados Unidos.
En su comparecencia ante la prensa en Caracas, Márquez evitó detallar quién gestionó su invitación, limitándose a señalar que provino “desde la Casa Blanca”. Confirmó que sostuvo reuniones en Estados Unidos, pero alegó prudencia para no revelar los nombres de los funcionarios con los que conversó.
“Estados Unidos es nuestro principal aliado”, afirmó, asegurando que las conversaciones giraron en torno a su experiencia como preso político y a las oportunidades que se abren tras la operación militar del 3 de enero. También manifestó su respaldo al plan del secretario de Estado, Marco Rubio, centrado en estabilidad, paz y elecciones que conduzcan a un rumbo democrático.
“Quiero ser un puente”: unidad sin exclusiones
El concepto que dominó su intervención fue claro: unidad nacional. “Quiero ser un puente”, repitió varias veces. Márquez intenta consolidar una posición centrista, evitando confrontaciones directas que lo alejen de su objetivo de articular fuerzas diversas.
Aseguró mantener buenas relaciones tanto con la Plataforma Unitaria Democrática como con diputados de la Asamblea Nacional controlada por el oficialismo. Recordó incluso que hace dos años recibió el respaldo del Partido Comunista sin ser comunista, como muestra de su capacidad de tender puentes ideológicos.
“No puede haber una transformación dirigida o impuesta por dos o tres actores”, sostuvo. En su visión, la transición debe incluir a la sociedad civil y superar los egos políticos. “Debemos tener una unidad, pero no una unidad de los políticos, sino una unidad del pueblo”, afirmó.
Renovar el CNE y el TSJ: condición para nuevas elecciones
Uno de los puntos más contundentes de su discurso fue la exigencia de renovar las autoridades del Consejo Nacional Electoral y del Tribunal Supremo de Justicia.
Márquez, quien fue vicepresidente del CNE, descartó regresar al organismo: “Mi rol ya lo cumplí ahí. Las segundas partes no son buenas”. Sin embargo, fue enfático en que con el actual CNE no se pueden celebrar elecciones creíbles.
“¿O es que podemos hacer una elección con el actual CNE? No podemos”, subrayó. También pidió la renovación del TSJ por haber avalado los resultados del 28 de julio sin publicar actas completas.
Aunque reconoce que inevitablemente habrá nuevos comicios, considera que no se darán en el corto plazo. “No veo elecciones en el corto plazo, por lo tanto, no soy candidato”, declaró. En una frase que buscó marcar distancia del personalismo, afirmó: “Tengo una candidata: la Constitución. Y la segunda candidata que tengo se llama democracia”.
Entre Zapatero y Machado: equilibrios delicados
Uno de los momentos más polémicos fue su defensa del expresidente español José Luis Rodríguez Zapatero, figura controvertida por su relación con el chavismo y por investigaciones abiertas en España. Márquez no solo evitó distanciarse, sino que lo elogió abiertamente.
“El presidente Zapatero juega un gran papel en Venezuela y espero que el tiempo lo reivindique. A mis amigos no los niego”, dijo.
Sobre la líder opositora y Premio Nobel de la Paz 2025, María Corina Machado, fue más cauto. Aseguró que está dispuesto a trabajar con ella y con “todo el país”, pero evitó comprometerse con un eventual respaldo electoral. “No sabemos en qué posición estaremos cuando llegue ese momento”, respondió.
También calificó como “aliado” al presidente colombiano Gustavo Petro, señalando que el 28 de julio “cumplió su objetivo” y que vendrán nuevas elecciones impulsadas por las circunstancias.
Sin impunidad, pero sin revancha
Márquez insistió en que los cambios deben conducir a la democracia y no reproducir los vicios del pasado. Criticó el nombramiento de Tarek William Saab como defensor del pueblo encargado, señalando que “el país no está para ese tipo de enroques”.
“Sin impunidad y con justicia, el pueblo debe trabajar rumbo a la democracia”, afirmó. No obstante, su discurso evitó llamados a la confrontación o a la revancha política. Más bien apeló al pragmatismo y a dejar de lado las ideologías rígidas para aprovechar la coyuntura internacional.
Culpó a Nicolás Maduro de los hechos del 3 de enero, argumentando que si hubiera cambiado el rumbo del país cuando la comunidad internacional lo pedía, la operación militar no habría ocurrido. Sin embargo, reconoció que hay “un hecho cumplido” y que la oposición debe acompañar los cambios para profundizarlos hacia un sistema democrático.
¿Candidato o articulador?
Cuando se le preguntó directamente sobre sus aspiraciones presidenciales, respondió con una metáfora: “Me están preguntando qué haré al cruzar el puente del lago de Maracaibo, y estoy en Caracas. Cuando lleguemos allá veremos qué haré”.
Aunque niega ser candidato en este momento, dejó claro que quiere “jugar un rol” en la transición. Su apuesta parece ser consolidarse como figura de consenso, aceptable tanto para sectores del oficialismo como de la oposición y respaldada por Washington.
En un país marcado por la polarización, su estrategia de estar “con Dios y con el diablo” puede resultar riesgosa, pero también estratégica. Enrique Márquez se presenta como defensor de la Constitución, promotor de una renovación institucional profunda y articulador de una unidad sin exclusiones.
La gran incógnita es si esa posición centrista logrará conectar con una ciudadanía cansada de promesas o si terminará atrapada entre desconfianzas cruzadas. Por ahora, su aparición junto a Donald Trump lo catapultó nuevamente al centro del tablero político venezolano, y su discurso confirma que no piensa abandonar ese espacio.
Resumen del especialista electoral Eugenio Martínez sobre Enrique Márquez
El periodista Eugenio G. Martínez analizó en redes sociales cinco frases que, a su juicio, resumen el papel que podría desempeñar Enrique Márquez en el escenario político venezolano durante los próximos meses. Las declaraciones del excandidato presidencial y exrector electoral permiten delinear su estrategia, sus límites y sus posibles alianzas en una etapa marcada por incertidumbre institucional y debate sobre una eventual transición.
A continuación, las claves ordenadas y contextualizadas:
1️⃣ No se integrará al gobierno ni regresará al CNE
Enrique Márquez dejó claro que no contempla incorporarse al actual gobierno ni regresar al Consejo Nacional Electoral.
“Yo me siento útil en la arena política, me siento útil en la acción política en Venezuela. No creo que contribuya mucho a un proceso de cambio integrándome al gobierno actual. Mi papel es al lado de la gente, buscando cambios sólidos. No me veo en el CNE, ya es una experiencia vivida, hice el trabajo que tenía que hacer allí”.
Con esta afirmación, Márquez descarta ocupar cargos dentro del Ejecutivo o repetir su experiencia como rector del Consejo Nacional Electoral (CNE), apostando por una posición externa de articulación política.
2️⃣ No se asume como candidato en el corto plazo
Sobre una eventual candidatura presidencial, Márquez fue enfático en que no está en el escenario inmediato.
“No veo elecciones en el corto plazo, por lo tanto, no soy candidato. Tengo una candidata, la Constitución. Y la segunda candidata que tengo se llama democracia. Voy a estar trabajando porque mis dos candidatas ganen”.
El mensaje apunta a priorizar la institucionalidad antes que una aspiración personal, marcando distancia de la dinámica preelectoral tradicional.
3️⃣ Sin contacto con María Corina Machado
El exdiputado también aclaró que no ha tenido conversaciones recientes con la líder opositora María Corina Machado, incluso tras su salida de prisión y su aparición en Estados Unidos.
“No he conversado con María Corina desde que salí de la prisión, no he recibido contacto. A propósito de lo de EEUU tampoco hemos hablado. (…) Una de las cosas que tenemos que dejar a un lado es que hay venezolanos mejores que otros”.
La declaración sugiere distancia política actual, aunque sin cerrar la puerta al diálogo, y plantea una crítica a las divisiones internas dentro del liderazgo opositor.
4️⃣ Dispuesto a hablar con todos los sectores
Márquez reivindicó su capacidad de interlocución amplia, tanto con la oposición tradicional como con sectores del oficialismo.
“Yo tengo la posibilidad de hablar con todos los sectores, me siento preparado para eso. Creo en un gobierno de unidad nacional. (…) Yo tengo relaciones con la Plataforma Unitaria Democrática, tengo grandes amigos allí. A la par de eso, tengo grandes amigos en la Asamblea Nacional, los conozco a todos”.
Esta postura refuerza su narrativa de “articulador” y promotor de un eventual gobierno de unidad nacional, un concepto que ha defendido reiteradamente tras su excarcelación.
5️⃣ Su defensa de Zapatero y el rol de “puente”
Finalmente, Márquez reiteró su cercanía con el expresidente español José Luis Rodríguez Zapatero y reivindicó su papel en Venezuela.
“Quiero ser un puente, sí lo quiero ser. El presidente Rodríguez Zapatero cuenta con todo mi amor y cariño (…) Él ha cumplido un papel importante en Venezuela y no soy aquel que va a negar la amistad con él”.
Más allá del tono personal, la frase consolida la idea central de su estrategia: convertirse en un “puente” entre sectores enfrentados, incluso asumiendo los costos políticos que implica defender figuras polémicas.
Un perfil de articulador en medio de la incertidumbre
Las cinco frases analizadas por Eugenio G. Martínez configuran un retrato claro: Enrique Márquez no se proyecta, por ahora, como candidato presidencial ni como funcionario del gobierno, sino como un actor que busca influir en el diseño de una eventual transición mediante el diálogo con todos los sectores.
Su apuesta se centra en la institucionalidad, la Constitución y la construcción de consensos amplios, en un momento donde el debate político gira en torno a la posibilidad —o no— de nuevas elecciones y reformas estructurales en el sistema político venezolano.
El tiempo dirá si esa posición de “puente” logra consolidarse como liderazgo efectivo o si queda atrapada en la polarización que ha marcado la política nacional en los últimos años.

