Dr. Alirio Figueroa: El futuro, una interrogante abierta

Continuando con mis reflexiones, hoy voy a referirme al futuro, no pretendiendo ser un pitoniso de los que nos pueda ocurrir en el porvenir. Todos nos preguntamos cómo será nuestra vida y la de nuestros seres queridos.

¿Vivirán nuestros hijos y nietos una vida mejor? Es natural que queramos saber la respuesta, ya que deseamos tranquilidad, seguridad y estabilidad. Si supiéramos lo que pasará en el futuro, podríamos prepararnos física y emocionalmente para enfrentarlo.

Con razón nos preguntamos ¿Qué nos deparará el futuro?¿Puede alguien saberlo?. Generalmente quienes se dedican a realizar predicciones han tenido algunos aciertos, pero también muchos fracasos. Lo que si estamos seguros es que nadie puede ver el futuro, eso solo le corresponde a Dios.

Pero en el campo de las ciencias sociales algunas veces se puede avizorar el futuro. El porvenir muchas veces, no es más que la reaparición histórica de algo que se convirtió en pasado. No se puede partir por esto, de los datos seguros del presente, para trazar las líneas del futuro, misterioso e ignorado.

En el marco de la historia, todas las predicciones, la mayoría de las veces resultan ineficaces o desatinadas. Solo el pasado pertenece a la historia, porque no sabemos todavía como arraigaran en el presente los hechos del porvenir. El arma más poderosa con la que los pueblos pueden defenderse de las contingencias imprevistas del futuro, radica, estrictamente, en el caudal de sus facultades imaginativas.

Sin lugar a dudas, el conocimiento del pasado constituye una etapa indispensable en este camino; pero solo avanzan los pueblos en el progreso cuando se sueñan a sí mismo. El cultivo de las tendencias ideales perfecciona la imaginación política de los pueblos. Sin este instrumento preciado, la sensibilidad política de un pueblo se verá atrofiada en la realidad; o sustituida, en último caso, por el escepticismo.

En razón de lo anterior, es por lo que consideramos de importancia el estudio del acontecer político; pues la historia nos descubre el enlace doctrinal que existe entre instituciones o tiempos, a primera vista distintos e irreductibles, y el rebosamiento de muchas ideas arcaicas que ascienden de nuevo, tras larga desaparición, al plano sensible de las realidades actuales.

En nuestro tiempo, la razón fría y serena, la reflexión de las distintas opiniones, tiene muy poca importancia al lado de una absorbente pasión política. ¿A dónde vamos, a donde queremos ir? ¿Existe, a lo lejos, un ideal, como meta de nuestras acciones?.

El hombre parece un proyectil lanzado, ciegamente por la pasión política sin un blanco definido en el porvenir. Pero dentro de esta confusión política tienen que destacarse claramente unas cuantas ideas, sencillas y fundamentales que sirvan de soporte para nuestro futuro.

Del escepticismo de nuestro tiempo tienen que brotar el ensueño de una nueva época. Sería insensato proclamar en política, la posesión definitiva de la verdad absoluta.

Digamos finalmente, como lo expreso el filósofo español Miguel de Unamuno: “Procuremos más ser padres de nuestro porvenir que hijos de nuestro pasado”; porque nuestras experiencias pasadas no deben ser dueñas de nuestras vidas, el futuro puede ser muy diferente.

Dr. Alirio Figueroa

Individuo de número de la Academia de Ciencias Jurídicas del Estado Zulia.

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