Después de Rafael Urdaneta, uno de los nombres más reconocidos en la historia zuliana es el Almirante Padilla, cuyo nombre era José Prudencio.
Sabemos que la gesta de la independencia en países como Colombia y Venezuela se selló definitivamente con la brillante actuación de Padilla.
Es tan popular, que, en Maracaibo, hay una Avenida Padilla; en el Zulia, un municipio tiene su nombre en su honor, pero quizás, sabemos poco de este personaje.
El dos de octubre de 1828 fue fusilado en Bogotá el general de división José Padilla López, quien había combatido en la batalla de Trafalgar y había sido dos veces senador de la República.
Este hombre llamado por Bolívar “el ciudadano más importante de Colombia” simboliza mejor que nadie, según la historiadora Aline Helg, a las figuras militares que se habían distinguido en los campos de batalla, negros, indios, mestizos, zambos y mulatos que fueron marginados o eliminados por la misma república que habían ayudado a establecer.
Fue fusilado, por orden del Libertador Simón Bolívar, por su presunta participación de haber participado en la llamada conspiración septembrina contra el Padre de la Patria.
Padilla fue ejecutado tan solo siete días después de ocurridos los hechos.
En el interrogatorio al que fue sometido declaró tener cuarenta y cuatro años y ser natural de Riohacha. Mayor generosidad hubo con las cabezas visibles de esa maquinación, pues a Pedro Carujo se le conmutó la pena de muerte por destierro y Luis Vargas Tejada ni siquiera fue procesado.
Padilla no fue perseguido y fusilado por participar en ese torpe complot ya que estaba detenido cuando ocurrió la conjuración, ni por santanderista, pues había sido por mucho tiempo el amigo más cercano de Bolívar en el litoral neogranadino, sino por el temor, infundado o no, de que encabezara un movimiento social igualitario y antiesclavista de los pardos similar al que antes se había iniciado con éxito en la isla de Santo Domingo conocido hoy como la revolución haitiana.
El fusilamiento de Padilla por una conspiración que no dirigió alejó definitivamente el espectro de la pardocracia en Colombia.
A los pocos días de su inicuo fusilamiento Bolívar escribió a su compatriota Pedro Briceño Méndez confesándole su remordimiento por esta sentencia arbitraria: “ya estoy arrepentido de la muerte de Piar y de Padilla y de los demás que han perecido por la misma causa. Lo que más me atormenta todavía es el justo clamor con que se quejaran lo de la clase de Piar y de Padilla. Dirán con sobrada justicia que yo no he sido débil sino con ese infame blanco (Santander) que no tenía los servicios de aquellos servidores de la patria. Esto me desespera de modo que no sé qué hacerme”.
José Prudencia Padilla, historia de una injusticia
José Padilla López, nació en Camarones, Riohacha, el 19 de marzo de 1784 fue un militar, marino y prócer colombiano que participó en las guerras de independencia.
Siendo toda su vida excluido por su ascendencia parda, gracias a sus destacadas acciones militares llegó a ser nombrado como general de división de la república, pero al desempeñarse como comandante de las fuerzas navales independentistas, se le ha conocido de manera errónea, como almirante, rango que nunca le fue concedido.
Sin embargo, la costumbre histórica ha hecho que el general Padilla sea mejor conocido como almirante de Cartagena, además, fue senador de la Gran Colombia en 1822.
Padilla, luego de los hechos de la presunta subordinación en Cartagena, bajo una componenda política, fue detenido y llevado a Bogotá.
El 2 de octubre de 1828, el general Rafael Urdaneta, como juez único nombrado por Bolívar ordenó la pena capital, despojándolo públicamente de sus insignias militares, fusilado en la plaza de la Constitución y colgado en la horca, siendo el fin del pardo que más alto había llegado en la nueva sociedad republicana.
Anecdóticamente, la noche del atentado contra Bolívar, hubo un intento para su liberación, pero se negó a huir, nunca estuvo de acuerdo con la conspiración septembrina.

