Roberth Cepeda. De pela el ojo para la eternidad: Dos soles nacidos de la misma tierra

Tras ser bendecidas por la brisa del Lago que tienen la virtud de parir gigantes. El municipio Santa Rita, de costas hermosas y gente noble, pertenece a esa estirpe sagrada de nuestro suelo zuliano.

Cada 4 de agosto, el calendario nos invita a mirar el origen, a recordar que en este rincón bendito, donde el sol quema pero también ilumina, nacieron dos hombres de leyenda.

Aquí, en el entrañable caserío de Pela el Ojo, dos niños se bañaron en las calurosas orillas de nuestro Lago, corrieron descalzos por sus calles polvorientas y, con la mirada puesta en el horizonte, se atrevieron a soñar en grande para conquistar el mundo.

EL SABER Y LA ACADEMIA

Uno de ellos tomó el camino de la ciencia y la luz del saber: el Dr. Antonio Borjas Romero. De muchacho caminó nuestra tierra abrigando una vocación que no conoció fronteras.

Su sed de aprender lo llevó a las aulas más exigentes del planeta, como el Johns Hopkins y el Mount Sinai, pero su corazón jamás se mudó de la orilla natal.

De regreso a su patria, se convirtió en el visionario «Rector Eterno» de La Universidad del Zulia (LUZ), concibiendo la Ciudad Universitaria y sembrando facultades como quien siembra esperanza en el alma de todo un pueblo.

LA PASIÓN Y EL HAZAÑA DEPORTIVA

El otro tomó el camino del esfuerzo físico, la astucia y la gloria deportiva: Ángel Bravo, nuestro inigualable «Bravo de Santa Rita».

Esas mismas calles polvorientas vieron nacer la agilidad de un muchacho que terminaría pisando con garra los estadios de las Grandes Ligas como el criollo número 17 en llegar a las Mayores.

Vestido de escualo, escribió páginas imborrables en la LVBP durante 18 temporadas, convirtiéndose en el líder histórico de los Tiburones de La Guaira y ganándose a fuerza de batazos y coraje un puesto inmortal en el Salón de la Fama.

ORGULLO E IDENTIDAD SANTARRITENSE

La bata blanca del médico y el guante de cuero del pelotero; la academia universal y la pasión del diamante. Dos vidas, dos destinos brillantes e ilustres, pero impulsados por la misma sangre santarritense que no se rinde jamás.

Antonio Borjas Romero y Ángel Bravo nos demostraron que desde las orillas de nuestro municipio se puede tocar el cielo sin olvidar jamás de dónde venimos. ¡Qué orgullo tan grande ser de esta tierra de campeones y sabios!

Roberth Cepeda Lozano

Educador

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