Una jornada escolar rutinaria estuvo a punto de convertirse en una tragedia en Barquisimeto, luego de que un niño de 11 años ingresara a su escuela con un artefacto de control de disturbios dentro de su morral, generando pánico y la rápida intervención de las autoridades.
El hecho se registró en la Escuela Simón Bolívar, ubicada en el sector El Jebe, al norte de la ciudad, donde el menor llevó consigo una bomba lacrimógena activa. En un primer momento, la situación fue reportada como la presencia de una presunta granada, lo que activó un amplio despliegue de seguridad el pasado martes 7 de abril.
La alerta se encendió cuando el estudiante mostró el objeto a sus compañeros de clase. La oportuna reacción de otro alumno, quien notificó de inmediato a las autoridades del plantel, permitió ejecutar un protocolo de evacuación preventiva y dar aviso a los organismos competentes.
Al lugar acudieron comisiones del Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional (SEBIN), la Policía Nacional Bolivariana (CPNB) y efectivos militares, quienes procedieron a acordonar el área y realizar las experticias correspondientes. Tras la inspección, especialistas confirmaron que se trataba de una bomba lacrimógena, un dispositivo diseñado para el control de disturbios que, de haberse activado dentro del aula, habría provocado severas afecciones respiratorias y escenas de pánico entre estudiantes y personal docente.
Una vez asegurado el perímetro y retirado el material químico, las investigaciones avanzaron bajo la coordinación de la Fiscalía 18 del Ministerio Público. De manera preliminar, se conoció que el artefacto habría sido suministrado al menor por su padrastro, lo que abre nuevas líneas de investigación.
Este elemento ha puesto bajo la lupa el entorno familiar del niño, mientras las autoridades evalúan posibles responsabilidades penales por la posesión indebida de implementos de orden público y la exposición de menores a situaciones de alto riesgo.
El Ministerio Público mantiene las averiguaciones en curso para esclarecer cómo un dispositivo de uso restringido terminó en manos de un menor de edad y fue introducido en un centro educativo, un hecho que reaviva el debate sobre el control de este tipo de materiales y la seguridad en las instituciones escolares.

