Cuentan los cronistas del Distrito Bolívar, en el estado Zulia, de principios de 1900 que la presencia del oro negro brotando de las entrañas de la tierra atrajo a multitudes de todas partes del mundo.

La información corrió como pólvora, < vámonos para Cabimas que hay petróleo y mucho que hacer>, llegó entonces el señor Eduardo Cedillo, nacido en el estado Falcón en el año 1897, vino a servir al prójimo con un don que el Todopoderoso le dio: curar a todo el que llegara a su casa ubicada en el sector R-10.

En ese lugar se asentaron un gran grupo de falconianos cuyas características son de  una gran nobleza y corazón bondadoso, existe un sector llamado Corito en honor a ese gentilicio, trajeron sus costumbres que se fusionaron con las de nuestros antepasados cabimenses, no es extraño encontrarse con los apellidos Colina, Chourio o Churio, Castro, Medina, Manzano, García, Piña, Leal, Graterol, Chirinos, entre otros.

Se podría decir según mi humilde opinión que fueron refundadores de la zona petrolera , y ni hablar de cantidad de descendencia que tuvieron .   

Don Eduardo Cedillo se hizo famoso en todo el occidente Venezolano gracias a sus habilidades de curar  sin ser médico, anteponía la fe antes que la medicina, a quienes acudían en su ayuda les inculcaba su certeza en un Ser Superior Todopoderoso <tu fe te va a mejorar> conocía  las propiedades curativas de muchas hierbas, cada una tiene su virtud,  a más de uno puso a sudar con el aceite de ricino y la sal de Epsom para expulsar del cuerpo los empachos estomacales, recetaba también medicamentos o fórmulas magistrales como se les llamaba en ese entonces.

Los boticarios de la época Elio Hernández y Luis Barboza le conocían la retorcida letra donde explicaba la prescripción a la medida del paciente, tenía la capacidad de eliminar la culebrilla, (herpes zoster) y el mal de ojo en los niños (eso existe) a punta de credo, padrenuestro y avemaría, tal vez en ese momento, establecía un nexo directo con la parte Divina que tiene todo ser humano y la persona se recuperaba.

Se podría decir que fue un evangelizador al transmitir aquella metáfora que nos enseñó el Gran Maestro Jesús: si tuvieras FE como un grano de mostaza podrás lograr todo lo que quieras. 

Un devoto cristiano que siempre se encomendaba a Nuestra Señora de Chiquinquirá, quien fue  protectora de él, su esposa e hijos,  y  levantó poco a poco una pequeña capilla en su honor con la ayuda de sus amigos y vecinos Martin Romero, Eladio Gutiérrez y José Ramón Cordero, al terminarla con mucho esfuerzo fue donada a la parroquia San Juan Bautista, todavía está en pie este templo Mariano en el sector R-10, donde los domingos los residentes de ese sector asisten a misa y realizan rosarios, cada 18 de noviembre reciben la réplica de la Chinita con mucha devoción y alegría, sin duda alguna, este es uno de los tantos legados que dejo el señor Cedillo para las nuevas generaciones. 

 Todo tiene su tiempo en esta tierra, Eduardo Cedillo cumplió su labor encomendada y partió al encuentro del Señor en 1980, de seguro estará en un lugar privilegiado por haber llevado una vida ejemplar. Un cristiano que practicó la caridad  y jamás se inclinó ni desvió  a otra creencia que no fuera la que le inculcaron sus padres.

Erróneamente algunas personas lo catalogaron como curioso o brujo por el misticismo que reflejaba y él estaba muy lejos de serlo.

Todavía quedan testigos de la vida de un hombre con una fe espectacular e inquebrantable, algo poco común en nuestros días, su ejemplo quedara en la memoria de sus familiares y vecinos como un hombre que vino a esta tierra a servir al prójimo. 

Periodista  Néstor Peralta  

CNP:  7371 

por primeraedicioncol

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