El gobierno de Brasil ha manifestado su rechazo al despliegue militar de Estados Unidos en el Caribe, considerándolo una fuente de tensión incompatible con la vocación pacífica de la región. El presidente Lula da Silva y su asesor Celso Amorim han advertido que la lucha contra el crimen organizado no debe usarse como justificación para medidas unilaterales que podrían escalar el conflicto cerca de Venezuela.

Aunque Brasil no reconoce a Nicolás Maduro como presidente legítimo, mantiene una relación diplomática con Caracas por razones estratégicas y humanitarias, ya que hay una gran cantidad de brasileños en Venezuela y venezolanos en Brasil.

Según la especialista Stephanie Braun, Brasil ha adoptado una postura de cautela y se mantendrá neutral, buscando la mediación si el conflicto se agrava. El ministro de Defensa, José Múcio, ha comparado la situación con una «pelea de vecinos», reiterando que Brasil no tomará partido y que sus operaciones en la frontera son para proteger su soberanía.

Mientras tanto, Estados Unidos justifica su presencia militar, que incluye varios buques de guerra y cazas, como una operación antidrogas. Por su parte, Maduro ha calificado la operación como una gran amenaza y ha advertido que responderá con una «lucha armada». Donald Trump no ha descartado una escalada y ha argumentado que Venezuela exporta «pandilleros» y drogas.

Braun concluye que no existen mecanismos regionales para detener una incursión militar de Estados Unidos, pero organismos como la OEA y la Celac, junto con la mediación de países como Brasil, podrían influir positivamente para evitar un conflicto armado.

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