El Frente Amplio llegó al poder como un partido consolidado, tras pasar muchos años en la oposición. En sus 15 años de gobierno, cosechó éxitos y dejó algunas cuentas pendientes, pero tuvo la suerte de atravesar el ciclo de mayor expansión económica de la historia latinoamericana.
El punto de partida del nuevo gobierno es muy diferente. Lacalle Pou lidera el Partido Nacional, que salió segundo en la primera vuelta, a diez puntos de distancia del Frente. Si ganó el balotaje del 24 de noviembre fue gracias a la Coalición Multicolor que construyó sobre la marcha con quienes salieron tercero y cuarto: el Partido Colorado y Cabildo Abierto.
Esa sociedad, que a partir de este domingo empieza a ser una coalición de gobierno, está aún en gestación. Mientras calibra las relaciones con sus aliados —que tienen visiones e intereses contrapuestos en muchas áreas—, Lacalle Pou debe hacer frente a una economía con síntomas claros de agotamiento y a una ciudadanía con demandas crecientes.
Todos los gobiernos asumen con múltiples retos, que no son siempre fáciles de sortear, especialmente cuando se pasa de una larga estadía en la oposición al oficialismo. Entre todos los desafíos que tiene por delante Lacalle Pou, hay tres que sobresalen: su capacidad para mantener unida a la alianza, la gestión de una economía que necesita cambios con cierta rapidez y su efectividad para responder a una de las principales preocupaciones de los uruguayos, la inseguridad.
Lacalle Pou será rehén de sus socios. En la Cámara de Representantes controla solo 30 escaños. Para llegar a la mayoría de 50 va a necesitar siempre del acompañamiento simultáneo de los colorados, que tienen 13, y de Cabildo, que posee diez. Este último es un gran interrogante, porque tiene menos de un año de vida y gira en torno a la controversial figura de Manini Ríos, que hasta marzo de 2019 era jefe del Ejército y que se convirtió en un líder político tras enfrentarse a Tabaré Vázquez, que lo desplazó del cargo.
El PIB uruguayo creció 67% a precios constantes entre 2005 y 2018, según datos de la Cepal. Fue una expansión muy significativa que, de la mano de una política salarial y social generosa por parte de los gobiernos del Frente Amplio, permitió una mejora ostensible de la calidad de vida de la mayoría de las personas en el país. Uruguay consolidó en estos años su lugar como la nación más igualitaria y con menor índice de pobreza de América Latina.
Sin embargo, muchas de las mejoras terminaron en el último quinquenio, que se caracterizó por un estancamiento cada vez más pronunciado. Entre 2015 y 2019, Uruguay tuvo un crecimiento medio de apenas 1,3% anual. Al mismo tiempo, la inflación promedió 8% al año, mucho menos que Venezuela y Argentina, pero bastante más que el resto de los países latinoamericanos.

