Los cien pasos fronterizos irregulares que conectan al municipio de Ipiales, en Nariño, con Ecuador se convirtieron en la esperanza para cientos de venezolanos varados en el puente internacional de Rumichaca por las nuevas medidas migratorias del Gobierno ecuatoriano.
Los caminos agrestes y poco iluminados son transitados por decenas de familias de migrantes que, aunque sellaron su salida de Colombia, no cumplieron con los requisitos necesarios para obtener la visa de residencia temporal de excepción por razones humanitarias (VRTERH), que permitía su ingreso de forma regular al país vecino.
Según reportes de la Mesa de Atención a la Población Migrante en Ipiales, al menos 300 personas que no pudieron ingresar a Ecuador se encuentran durmiendo en las calles y realizando bloqueos de forma intermitente en el paso fronterizo. Los albergues, que tenían un cupo máximo de 700 personas, tampoco dan abasto.
Documentos de inteligencia de la Policía en Nariño señalan que actualmente existen alrededor de 100 caminos irregulares en esta frontera de 145 kilómetros. Los migrantes que transitan por estos caminos desolados van usualmente acompañados por sujetos que les cobran grandes sumas de dinero para guiarlos en un recorrido de tres horas caminando hasta Tulcán, primer municipio al otro lado de la frontera.
Juan Roldán, secretario particular de la presidencia de Ecuador, manifestó a medios de ese país que el nuevo visado busca “garantizar una migración segura y ordenada”, y añadió que, gracias al visado, el flujo de venezolanos en los primeros días de esta semana pasó de 2.000 a 50.

El trayecto que tomarían los venezolanos comprende inicialmente un recorrido por tierra de 293 kilómetros hasta Puerto Asís. Luego se montarían en una embarcación que los trasladaría durante ocho horas por el río Putumayo hasta Puerto Leguízamo. Allí le pagarían 10.000 pesos al conductor de una lancha para que los llevara hasta Soplín Vargas, en el Amazonas peruano.
El cálculo del funcionario ecuatoriano concuerda con lo reportado por Migración Colombia, entidad que aseguró que desde el 26 de agosto la cifra de venezolanos que registraron su salida en Rumichaca pasó de 657 a 64 en menos de tres días. No obstante, autoridades de Ipiales manifestaron que la reducción también se debería a que la mayoría de los migrantes ya no pasan por los controles colombianos.
Las trochas de Nariño no serían los únicos caminos tomados por los venezolanos en su odisea hacia el sur del continente. Según informaron varias autoridades de la región, los migrantes que no pudieron cruzar hacia Ecuador por Rumichaca estarían tomando buses o embarcaciones hasta las fronteras de San Miguel y Puerto Leguízamo, en Putumayo.
La primera ruta implica tomar un bus con destino al municipio de La Hormiga; allí pagan 7.000 pesos a una flota que los lleva hasta San Miguel, un pequeño municipio fronterizo a punto de colapsar por la migración venezolana.
El trayecto que tomarían los venezolanos comprende inicialmente un recorrido por tierra de 293 kilómetros hasta Puerto Asís. Luego se montarían en una embarcación que los trasladaría durante ocho horas por el río Putumayo hasta Puerto Leguízamo. Allí le pagarían 10.000 pesos al conductor de una lancha para que los llevara hasta Soplín Vargas, en el Amazonas peruano.
Cabe señalar que al ingresar al país de forma irregular, los migrantes también evitarían el paso por los controles migratorios peruanos, en donde también se les exige a los venezolanos una visa humanitaria desde el pasado 15 de junio.
El Tiempo de Colombia

