El Espíritu de la Navidad es una tradición perteneciente a los países nórdicos y que, desde hace varios años, ha sido adoptada en muchas culturas del mundo como parte de las costumbres características de esta época.

Esta festividad toma la fecha del 21 de diciembre, día en que la Tierra entra en el solsticio de invierno, es decir, cuando el planeta se encuentra en el punto más lejano de su órbita con respecto al sol. Esta fecha es la ocasión propicia para que, entre las 10 y unos minutos, pasada la medianoche, el Espíritu de Navidad baje a la Tierra y visite a los hombres de buena voluntad que le dan la bienvenida, recibimiento que se retribuye con abundancia, paz y amor para los próximos 12 meses.

El ritual señalaba que el día anterior, las personas limpian la casa, con el fin de recibirlo libre de energías negativas y luego al día siguiente, después de la cena, encienden velas de color naranja, rojo y doradas, y aromas de mandarina o limón, para posteriormente proceder a escribir sus deseos para el año venidero.

Los deseos que se le piden al Espíritu de la Navidad se escriben en orden de prioridad de mayor a menor y se recomienda pedir en primer lugar por el bienestar y la paz mundial hasta llegar a los deseos más personales. Se cortan en tiras y se guardan hasta la visita del año siguiente para que se puedan quemar solo aquellos que se cumplieron.

Concebida como una energía que proveniente de las estrellas llega cada año por esta época para repartir alegría, armonía, amor y paz, esta espiritual tradición se ha perdido de la cultura decembrina del venezolano, sencillamente porque la mima situación país de crisis económica, política y social la fusiló.

Ya no hay luces en las viviendas, ni arbolitos alumbrados; la crisis eléctrica deja sin luz y sin brillo a muchas ciudades con sus racionamientos programados. Tampoco habrá hallacas ni pan de jamón en la mesa de la mayoría de los venezolanos, debido a que esta hiperinflación acabó con todo. Los regalos para los niños también deben ser de creatividad propia  de los padres.

Hoy solo observamos cómo sigue creciendo la diáspora;  jóvenes y profesionales que salen en búsqueda de un mejor porvenir: Mientras que  en las calles deambulan de un lado a otros niños con hambre y desnutridos, descalzos, falta de amor y asistencia gubernamental y en los hospitales la falta de medicamentos e insumos está a la orden del día. Como en los calabozos aumentan los números de presos enfermos, desnutridos y con tuberculosis, que junto a presos políticos, permanecen en los inhumanos calabozos del país sometidos a prisión y torturas.

Sin embargo, no hay que perder la fe y este ritual que no es de origen católico, resulta mágico para muchos que buscan conectarse de alguna manera que esas energías positivas que le den rayos de luz para lograr la sanidad, la armonía, la paz y la unión familiar.

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