Jesús Aguais es un venezolano que desde hace años, reciclando medicamentos contra el VIH ha logrado salvar miles de vidas en el mundo.
El entonces psicólogo de una clínica de tratamiento de pacientes de VIH en Nueva York no entendía por qué unos medicamentos que costaban tanto eran desechados sin que nadie pudiera sacarles provecho.
En algunos casos, los pacientes desarrollaban efectos secundarios cuando empezaban a tomar sus medicamentos y los médicos ordenaban interrumpir ese tratamiento para probar otras alternativas.
Al notar que en muchas ocasiones esa medicina inutilizada era descartada, Aguais llegó a la conclusión de que era un desperdicio absurdo y que debía buscar la manera de aprovecharla.
«Fue algo raro y a la vez superinteresante. No sabía si lo que estaba haciendo era legal, lo único que sabía era que algo que costaba $1,000 el frasco no podía terminar en la basura», cuenta a People en Español el venezolano, quien se ha convertido en una destacada figura en la lucha contra el virus del VIH.
Ante el dilema de qué hacer con esos carísimos medicamentos, a Aguais se le ocurrió la idea de empezar a reciclar esos fármacos enviándolos a pacientes en Venezuela, donde era muy difícil conseguirlos.
La idea de reciclar un bien tan valioso fue el germen de AID for AIDS, una organización sin fines de lucro que empezó en un pequeño apartamento del East Village neoyorquino y que con el paso de los años se ha convertido en el mayor programa de redistribución de medicamentos antirretrovirales del mundo.
Esta iniciativa pionera maneja en la actualidad unos números impactantes. «En nuestro último informe estamos llegando a casi $180 millones y a este paso en un año alcanzaremos los $200 millones. Son medicamentos sacados de la basura que nos han permitido salvar la vida de más de 20,000 personas en 70 países», destaca orgulloso Aguais.
El primer paso es recolectar los medicamentos y eso AID for AIDS lo consigue desde hace años a través de dos vías principales: pacientes con VIH que donan los fármacos que ya no utilizan y que no han expirado, y clínicas de VIH, farmacias y organizaciones comunitarias donde se instalan «buzones de entrega» para facilitar la donación.
Una vez que han sido recicladas, esas medicinas se clasifican y almacenan en sus oficinas de Nueva York.
Posteriormente, a través de su Programa de Acceso a Tratamiento, la fundación se encarga de redistribuirlas a personas con VIH que viven en países en vías de desarrollo y que no tienen acceso a tratamientos antirretrovirales.
Los fármacos se envían directamente al paciente previamente registrado en el programa y se establecen protocolos para que un médico haga el seguimiento clínico.
Con el paso de los años, la organización ha ido desarrollando estrategias para incorporar a más actores en su labor de atención a los pacientes de VIH. Uno de ellos es la industria farmacéutica.
A estas alturas, resalta Aguais, ha quedado demostrado que los tratamientos antirretrovirales funcionan y una persona con VIH puede llevar una vida completamente normal.

