Isnotú celebra los 157 años del natalicio del  beato, Dr. José Gregorio Hernández

Con el repique de campanas y el canto de las mañanitas, el pueblo de Isnotú dio inicio a la celebración de  la primera fiesta litúrgica en honor  a su hijo, el  beato Dr. José Gregorio  Hernández, con motivo de sus 157 años de su nacimiento un 26 de octubre de 1864.

Desde las 6.30 de la mañana de este martes  se trasladó en carrozo  la imagen del beato desde Valera a Isnotú.  A las 8 de la mañana  se dio inicio a las misas en su honor  y a las 9: 30 am  fue la bendición de la nueva imagen  del beato que se venerará en el Santuario Niño Jesús . Seguidamente a las 10 am fue celebrada la Solemne Eucaristía,  presidida por el presbítero Rubén Delgado, Vicario General de la Diócesis.

También se procedió  en este día a la reinauguración de las plazas de Isnotú y Acto Protocolar  del Consejo Municipal de Rafael Rangel y  el Consejo Legislativa del Estado.  Para luego en horas de la tarde salir en procesión con sus devotos y el pueblo católico por las calles de Isnotú.

Un hombre de Pueblo con mucha Fe

Se le conoce como «el médico de los pobres»  y su cuna de nacimiento  está en el centro-oeste de Venezuela,  específicamente el estado Trujillo, donde vivió su infancia y adolescencia y se destacó  en los estudios y culminado su bachillerato fue enviado a Caracas, donde se graduó en Medicina con excelentes calificaciones en la Universidad Central (UCV).

José Gregorio, como le conocen cariñosamente sus muchos devotos, según sus biógrafos, destacó por sus aportaciones al desarrollo de la medicina moderna en Venezuela, la generosidad con la que atendió a pacientes de bajos recursos y su fe religiosa.

Completados sus estudios, prefirió regresar a su pueblo natal para atender allí a sus pacientes. Los médicos rurales como él tenían que lidiar en la Venezuela de finales del XIX y comienzos del XX con enfermedades como la tuberculosis o el paludismo, muy extendidas entre la población.

Hernández obtuvo una beca para completar sus estudios en París, entonces a la vanguardia de la ciencia médica. Allí conoció avances que llevaría a su país.

Según el padre jesuita Arturo Sosa, «José Gregorio Hernández integra una excelente formación científica en su experiencia espiritual que lo lleva a ponerse al servicio de quien lo necesite, con especial predilección por quienes no se lo pueden retribuir».

El doctor Hernández destacó como docente e investigador, pero lo que le hizo ganar fama entre los sectores populares fue su labor en la consulta, ya que atendía gratuitamente a los enfermos pobres.

Se le atribuye haber introducido el microscopio y haber sentado las bases de la bacteriología y otros campos científicos hasta entonces apenas desarrollados en Venezuela.

El doctor Hernández era también un ferviente católico y por dos veces intentó ordenarse sacerdote. En 1908 fue admitido en el monasterio de Cartuja de Farneta, en la Toscana, Italia, pero a los pocos meses mostró síntomas de una enfermedad respiratoria que aconsejaron su regreso a Caracas.

Un segundo intento en un seminario romano en 1913 terminó de la misma manera.

Ya asentado en Venezuela desarrolló una amplia labor clínica e investigadora, e incluso completó un tratado de filosofía.

El 29 de junio de 1919 murió atropellado en una céntrica calle de Caracas por uno de los pocos automóviles que circulaban por Venezuela en aquel entonces.

Muerto el médico, nació el mito, y el culto a su figura llega hasta la actualidad.

Hernández es una figura extraordinariamente popular en su Venezuela natal, en la que muchos creyentes le atribuyen curaciones milagrosas.

 

 

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