En Cabimas, existen dos zapateros cuya trayectoria es casi tan larga como la del Centro Cívico. Eliezer, el zapatero de la Catedral; y Edinson, de “Los Panchos», son amigos desde la juventud, y con sus años de experiencia lograron convertirse en los favoritos de toda una comunidad.
Ser zapatero es una profesión que no depende de máquinas ni tecnología, solo se necesitan las manos, el conocimiento y la práctica, que hace al maestro, para ejercerla. Es un oficio ancestral que estos dos hombres, Edinson y Eliezer, mantienen vivo.
No solo reparan zapatos, sino que son capaces de rehabilitarlos y darles una nueva vida útil. Además, son perfeccionistas, ya que no dejan que sus clientes se vayan inconformes o con alguna deficiencia en su calzado, carteras o maletas.
Sin embargo, a pesar de tener más de 40 años al servicio de la gente, son pocos los que conocen quiénes son, por eso, desde Primera Edición COL, decidimos acercarnos a sus talleres para que ellos mismos contaran su historia.
Eliezer González: zapatero Catedral

A Eliezer González lo conocen por atender a su clientela en un taller callejero cerca de la Catedral Nuestra Señora del Rosario, en la calle Miranda. Allí, bajo un toldo azul y blanco que lo protege del inclemente sol zuliano, ha reparado zapatos por más de 40 años para alcaldes, maestros, artistas, médicos y todo tipo de personas que acuden a él por su excelente servicio.
Su mesa de trabajo está repleta de herramientas necesarias para remendar calzado: pega, hilos, exacto, clavos, tijeras y algunos retazos de cuero. Además de su silla, tiene una extra para el cliente que quiera sentarse a conversar mientras él trabaja.
Tiene 59 años y es originario del municipio Fundación del departamento de Magdalena, cerca de Santa Marta, en Colombia, donde realizó un curso de soldadura y mecánica diésel en el Servicio Nacional de Aprendizaje (SENA). Sin embargo, emigró joven a Venezuela en busca de mejores condiciones de vida.
Un dato que pocos conocen es que en los años 80 trabajó como mecánico de camiones en el Aseo Urbano de Cabimas, hoy conocido como IMAUCA. No obstante, su carrera como zapatero inició durante unas vacaciones en las que no sabía que descubriría su verdadera vocación.
En medio de la necesidad de generar ingresos extras mientras no trabajaba, decidió acercarse al centro de la ciudad, donde conoció a un muchacho que arreglaba zapatos. Rápidamente, aprendió y se enamoró del oficio, el cual era mejor remunerado que el de empresa de aseo.
«Yo ganaba 13 bolívares semanales allá (en IMAUCA), aquí me los gané en un día. Aquí me muero», mencionó González. Desde entonces, “El Pelúo”, como muchos lo conocen, es zapatero de tiempo completo.
Tiene una rutina establecida: trabaja de lunes a sábados desde las 8:00 a.m. hasta las 6:00 p.m., y los domingos asiste a la iglesia. Además, al menos un día a la semana viaja hasta la frontera con Colombia para buscar los recados que le mandan sus hijos. Emprende su viaje en la noche y regresa en la mañana siguiente para seguir atendiendo su negocio.
González ve al pasado y dice haber sido feliz a lo largo de su juventud. En total, tuvo 25 hijos, de los cuales dos, también son zapateros: uno atiende cerca de su puesto en el Casco Central, mientras que el otro reside en Colombia.
Durante la entrevista, Eliezer reveló la explicación de uno de los mayores mitos que envuelve a su profesión: la razón por la que los zapateros no trabajan los lunes es que tomaban ese día para hacer lo que no hacían durante el fin de semana porque trabajaban.
Se dice que los zapateros dejaron de salir los sábados y domingos, tomando los lunes como su día de ocio. De esa forma, podían disfrutar su tiempo libre sin tener que competir con los obreros, quienes ya habían gastado todo su dinero o regresado a sus jornadas laborales.
Edinson: una reliquia del Centro Cívico

Edinson del Rosario Belford es el zapatero más antiguo del Casco Central de Cabimas, lleva más de 53 años trabajando cerca del Terminal de Pasajeros. Él mismo acepta ser “una reliquia” en el sector, pues es uno de los fundadores del Centro Cívico.
«Nosotros, «Los Panchos», somos los originales de aquí. Eliezer llegó uno o dos años después», afirmó. Edinson nació y se crió en Cabimas, vivió toda su vida en el sector Delicias Viejas, en la carretera H. Fue a los 15 años cuando se adentró en el universo de la confección de zapatos, aprendió observando a otros y de forma autodidacta, con los años, pudo adquirir las destrezas que lo convirtieron en uno de los más reconocidos de su gremio.
Aunque actualmente no hace ningún trabajo manual, solo se encarga de la supervisión, uno de sus 7 hijos y su sobrino son quienes ejercen como zapateros y mantienen su legado, ambos heredaron su habilidad para darle una nueva vida al calzado dañado. Edinson se encarga de supervisar a sus sucesores en el negocio familiar.
Después de la pandemia, y debido a las dificultades económicas que enfrenta la población, el flujo de clientes ha disminuido bastante. Sin embargo, Los Panchos, siguen atendiendo a todo el que lo necesite desde las ocho de la mañana hasta las cinco de la tarde. La época de regreso a clases y el mes de diciembre siguen siendo los más concurridos.
«Ahorita atendemos a 10 o 15 personas diarias, antes podía llegar hasta cuarenta», mencionó. Edinson, al igual que Eliezer, no tiene dudas en que si vuelve a nacer, se dedicaría una y otra vez a ser zapatero. Ambos coinciden en que es el mejor trabajo del mundo, el cual les ha permitido salir adelante junto a sus familias.

