Ser comerciante exitoso en Cabimas, Venezuela, es una suerte de montaña rusa, donde se tienen que aplicar altas exigencias y significaría, en muchos casos, poner la vida en riesgo.
Comenzando con las medidas que se fueron aplicando para cerrar los espacios a la actividad privada independiente, estallidos sociales cada 3 o 4 años, pero lo más grave, la sombra de la delincuencia organizada son elementos que van carcomiendo poco a poco.
La historia de Mónica Salas es el fiel reflejo de muchos empresarios en Venezuela, ella, viuda, madre de dos hijos, decidió contar su historia como comerciante.
Hasta principios del 2000 la vida de Mónica estaba alrededor de una familia feliz, con sus altas y bajas como cualquier hogar, pero con la estabilidad económica para sacar adelante a sus hijos.
Con un negocio de importadora (venta de remates de equipos de segunda importados) estable, los ingresos permitían tener una linda casa y cubrir lo necesario para tener una vida cómoda.
Mónica Salas cuenta que el primer episodio social que les afectó fueron los hechos en el 2002, donde muchos locales fueron saqueados por simpatizantes del gobierno tras varios meses convulsivos.
“Fue el primer episodio donde sentí el pánico, al inicio, no entiendes la magnitud de lo sucedido, pero luego me doy cuenta el riesgo que corrí, quise defender mis cosas. Activistas del gobierno de Chávez se sentían con respaldo, en muchos casos, el ejercito solo miró. No fue pérdida total, pero se llevaron parte de la mercancía”, dijo Salas.
Desde entonces, ciertos grupos políticos no vieron como enemigos.
«En varias ocasiones fuimos amenazados por personas que se identificaban como tupamaros. Ni veían como adversarios políticos o enemigos de la revolución«, aseveró.


Luego del periodo de paro, los sucesivos triunfos del chavismo, generaron una aparente tranquilidad, pero otro enemigo estaba cobrando más y más fuerza en las sombras de las principales ciudades de Venezuela.
Luego llegó la pérdida de su compañero de vida y el padre de sus hijos “no fue fácil asumir el reto, desde lo emocional estaba devastada”, comentó.
“Realmente estábamos bien, con mucho esfuerzo, con mi esposo, sacamos adelante el negocio, y nos convertimos en una referencia en Cabimas. Lamentablemente mi marido murió en el 2004 y me tocó asumir las riendas con mis niños aún pequeños”, dijo.
Durante varios años pudo asumir el negocio, pero llegó el momento en donde las cosas tomaron otro rumbo y a cerrarse las opciones.
“Aún con el dolor de la pérdida de mi esposo, tuve que salir adelante, pero Venezuela comenzó a tener ciertos cambios que generaron serios problemas tanto estructurales como sociales”, dijo Salas.
“La delincuencia me golpeó una y otra vez. Fui víctima de robo en tres ocasiones de mis vehículos, tuve que pagar vacuna para evitar que me robarán mis autos. Para mi negocio, necesito transporte, ellos, los delincuentes sabían eso; y me lo hacían saber. O era pagar la vacuna o significa quedar limitada”, dijo la comerciante.
En Venezuela, el fenómeno de los “cobra vacuna” de vehículos consiste en pagar una cuota mensual para que tus autos no sean robados.
“Tras los diversos robos tuve que acceder a pagar vacuna, pero eso no garantiza que otras bandas te roben”; informó.
Mientras aún no salía del impacto de los diversos robos de los cuales fue víctima, Salas, con sus hijos seguían atemorizados.
“Mi casa se convirtió en una cárcel: cercado eléctrico, alarma de protección, enrejado en todas partes; es como una prisión. Cada vez que salía de mi casa, debía mirar a todos lados”, dijo.
Con su voz entrecortada, Salas dice: “Fueron días de mucha tensión, tuve que asistir con ayuda a especialistas, fui a la iglesia, mis hijos estaban entrando en presión social”, expresó.
Por su parte, Jesús, el menor de los hijos de Mónica, recuerda que fueron días muy intensos.
“Creo que fue una época muy oscura, pero lo peor estaba por suceder”, dijo.
Jesús es un chico inteligente, con una habilidad por encima del promedio y mucha astucia, pero asume que sentía miedo.

“Tenía miedo de salir a la calle, no quería recordar algunas experiencias, Mi mamá fue muy valiente, y creo que eso es lo que me ayuda cada día a tomar fuerzas. Muchos de mis compañeros y vecinos han contado sus experiencias, vivimos con temor cada día. Es como si el miedo se hiciera cotidiano”, comentó Jesús.
Pero las cosas no mejoraron, pese a la esperanza que siempre sienten los hijos.
Lucas, el mayor de los hijos, sentía que debía cubrir el rol de protector ante la ausencia del padre, además de ser tutor de su hermano menor.
Mónica agrega que la peor experiencia la vivieron en su casa.
“Un día regresamos a casa, y aparecieron unos sujetos, nos sometieron, nos amarraron, nos amenazaron, nos llevaron a los cuartos y nos tuvieron bajo secuestro por varias horas”, informó.
Además, agrega “más allá que ya había pasado por varios capítulos de violencia intensa, en esta ocasión, fue peor; ver a mis hijos amarrados, eso me quebró, no podía hacer nada y solo pedía por la vida de ellos, mis hijos son mi mayor tesoro”, sostuvo.
Luego de varias horas se llevaron el dinero, prendas, objetos de valor, pero el peor robo, fue llevarse parte de esa valentía.
“Creo que pasamos muchos meses para recuperarnos. Denunciar no valía de nada. Eres víctima una y otra vez, y nadie hace nada”, comentó.

Los hechos del 2012 dejaron una profunda herida, más sin embargo lograron levantarse. Pero con los conflictos del 2016, en medio de los saqueos en el país, uno de los negocios afectados fue el de ella.
“Da impotencia ver como se llevan tus cosas, encima, las inmediaciones de nuestro negocio se convirtieron en un campo de batalla”, dijo.
Nuevamente se llevaron gran parte de la mercancía, otra perdida para el negocio y otro golpe mental que se suma a todo lo experimentado.
Luego de esos hechos, la violencia fue creciendo, y la delincuencia toma el control de todo, la peor señal fue el fenómeno de las vacunas.
“Desde el 2017 tuve que pagar vacunas, cuando no quise hacerlo, me amenazaban, envían mensajes violentos que, si no pagaba la vacuna, me harían daño o a mis hijos”, explicó.
La extorsión es el principal delito en Cabimas, varias bandas se distribuyen el poder, figuras como Yeico Masacre, Adriancito o Ye Nava, dominan la escena.
“Hemos querido avanzar, pero ha sido difícil, y solo le pido a Dios que las cosas cambien. Creo que ya Venezuela está a nivel de un milagro. Los comerciantes hemos quedado sin fuerza, y el gobierno guarda silencio”, finalizó.
Mónica comenta que muchas familias pasan por situaciones similares, y ella, al igual que la mayoría, siguen resistiendo, pero llegará un momento cuando sea imposible sobrevivir en el país.
“No pierde nada quien no tiene nada que perder. Creo que el gobierno quiere que la gente quede sin nada.
He perdido muchas cosas en la vida, mi hijo mayor, Lucas, tomó la difícil decisión de dejar el hogar. Él tuvo que emigrar, y buscar un mejor futuro, lo entendí, pero me dolió demasiado”, sentenció.
Así, vive un comerciante promedio en Cabimas, en otrora, la tranquila ciudad, pero hoy, dominada por las bandas de extorsión y con las autoridades sin medidas de control.
Muchos deciden cerrar, otros siguen bajo la merced de las bandas criminales y hasta terminan encerrados en sus casas afectados por el miedo.
En el caso de Mónica, ha tenido que reinventarse, pero reconoce que llega un punto que, luego de muchos intentos, pierde motivación.
«Llega un momento que ya no puedes seguir más, no sé qué pueda pasar, lo único que me impulsa son mis hijos», explicó.
Así, es es el día a día de empresarios, emprendedores y comerciantes en la occidental región venezolana.

