Dave Cepeda. Fábula de los pájaros oradores y el burro deslomao


A orillas del lago, bajo un calorón de cuarenta grados que derretía el cují, un burro maestro jalaba una carreta con el espinazo doblado. Llevaba días a puro café claro, con las tripas sonándole como tambora gaitera y sin medio patacón en el bolsillo para comprar un remedio o calmar la sed con un cepillao. La vida se le iba en sudor y pellejo.

En la copa de un samán frondoso, seis pájaros cebados con alpiste de primera lo miraban desde la frescura.

El loro psicólogo, atusándose las plumas con ademán doctoral, le gritó:
—¡Hermano asno, no tengáis ese apego neurótico! El instructivo ONAPRE es terapia cuántica. Despojarte de tus primas te cura del fetiche burgués del consumo. ¡Agradecé la sanación!

La cotorra del traje fino sacudió el ala con indignación feroz:

—¡Vergación de quejadera! Este gobierno es profundamente humanista y obrerista.

Cada bocado de pasto que no te coméis es un misil que le neutralizáis a Washington.

La patria resiste con dignidad y aire soberano. ¡No seáis malagradecido!

El gavilán del mazo soltó una carcajada burlona desde una horqueta:

—Je, je. ¿Vacaciones y primas queréis, pedazo de flojo? ¿Pa’ gastártelas en el imperio? ¡El que se cansa pierde, compadre! La ONAPRE es amor patriota concentrado. El que proteste por la comida, se seca.

El pájaro mariscal, terciándose una espada de hojalata dorada, carraspeó con marcial gravedad:
—¿Acaso el Libertador exigió bono nocturno en el páramo? ¡Negativo! El ayuno forzoso es endurecimiento táctico para que la invasión gringa no te consiga blandengue. ¡Lealtad absoluta!

El pichón de la ternura pió con dulzura ensayada: «Cambiá la alfalfa por la sonrisa de los chamos», mientras el cuervo sindicalero sentenció con dogma: «¡Al fin alcanzamos la igualdad proletaria: nadie cobra nada y todos somos iguales!».

El burro frenó la carreta. Tenía los ojos húmedos de cansancio y una rabia honda, humana, trancada en el pecho. Miró a los emplumados y les soltó:
—Mirá, hermano… ¡a la verga con vuestra cotorra! Vosotros pontificáis de socialismo y humanismo con la andorga llena y camionetota blindada, mientras a mí me quebráis el lomo con un tabulador chimbo.

De poesía barata y sacrificios ajenos no come mi muchachera, ni la dignidad se unta en la arepa vacía.

Moraleja: Quien te roba el sudor llamándolo «honor patriótico» mientras engorda en su rama dorada, no es humanista ni revolucionario: es un bellaco que maquilla la tiranía con perfume de falsa lealtad.


Lcdo. Dave Roberth Cepeda Lozano/Educador

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