El caso del asesinato de Alexander Valverde en Breña alarmó a la colectividad en Perú, no solo por la brutalidad del crimen, sino por los escalofriantes detalles que se han revelado semanas después.

Lo que comenzó como un caso de desaparición terminó descubriendo una trama de violencia, engaños y una macabra convivencia con un cadáver durante más de una semana.

El hecho ocurrió en septiembre de 2025, cuando Alexander Valverde Laines, de 45 años, dejó de comunicarse con sus familiares y amigos. Diez días después, vecinos del distrito limeño de Breña alertaron a las autoridades por un fuerte olor proveniente de un auto estacionado en la cuadra 9 del jirón Huaraz. Al revisar la maletera, agentes de la Policía Nacional hallaron el cuerpo sin vida de Valverde, envuelto en frazadas y bolsas plásticas, en avanzado estado de descomposición.

Las investigaciones condujeron rápidamente a su esposa, Keillys Arymar Aguilera Meneses, una mujer venezolana de 42 años que, ante las evidencias y el interrogatorio policial, confesó haber asesinado a su pareja.

Según su testimonio, el crimen se produjo el 21 de septiembre, tras una violenta discusión en su vivienda. Aguilera afirmó que Valverde la había insultado y golpeado, lo que la llevó a estrangularlo con un cable.

Sin embargo, su confesión posterior reveló un nivel de frialdad que estremeció a los investigadores. La mujer admitió que, tras matarlo, bañó y limpió el cuerpo durante días antes de esconderlo debajo de la cama matrimonial. Durante nueve días convivió con el cadáver, intentando disimular el olor con productos de limpieza, hasta que decidió trasladarlo en el automóvil de la víctima y abandonarlo en plena vía pública.

En su declaración ante la Dirincri, Keillys aseguró haber actuado impulsivamente tras una larga relación marcada, según ella, por los maltratos físicos y psicológicos. Dijo que su esposo la obligaba a tener relaciones con otros hombres mientras él grababa las escenas. No obstante, las indagaciones posteriores desmintieron la versión de un arrebato momentáneo.

La aparición de una segunda implicada, Katherine Bello Serrano, cuñada de la acusada, reveló una verdad aún más perturbadora. En su confesión ante las autoridades, Bello admitió que participó activamente en la planificación y ejecución del asesinato, y que ambas mujeres también planeaban matar a Rommel Valverde, hermano del occiso y pareja de Katherine.

Keillys tomó una bolsa amarilla y la colocó sobre su cabeza. Luego le puso otra transparente y la amarró al cuello”, narró Bello con detalle. Según su relato, la víctima estaba dormida cuando fue atacada, y Keillys se recostó sobre sus piernas para inmovilizarlo. Tras el asesinato, ambas intentaron continuar con el plan homicida, pero su segundo intento fracasó cuando Rommel despertó a tiempo.

La situación se tornó crítica cuando el olor del cadáver empezó a invadir el departamento. Los hijos y suegros de Valverde dormían en habitaciones contiguas, sin imaginar la tragedia que se desarrollaba a pocos metros. “Me pidió que fuera fuerte y que me tapara la boca para soportar el olor”, confesó Bello.

Finalmente, el 2 de octubre, los vecinos denunciaron el hedor que salía del vehículo y la Policía descubrió el cuerpo, cerrando así un capítulo de horror que sacudió al país. La necropsia confirmó muerte por estrangulamiento y determinó que el cuerpo había sido manipulado varios días después del deceso.

Hoy, tanto Keillys Aguilera Meneses como su cuñada Katherine Bello Serrano enfrentan cargos por homicidio calificado y presunta tentativa de asesinato. La historia, que parecía un simple caso de violencia doméstica, terminó siendo una trama cuidadosamente urdida que reveló lo peor de la condición humana.

El asesinato de Alexander Valverde en Breña sigue generando conmoción, no solo por la brutalidad del acto, sino por la aparente calma con que las autoras convivieron con la muerte, mientras fingían una vida normal ante familiares y vecinos.

por primeraedicioncol

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