Un adolescente de 13 años, identificado con las iniciales F.R., falleció tras quitarse la vida en su vivienda en Tumeremo, al sur del estado Bolívar. El menor era conocido en la localidad por vender golosinas en las calles para contribuir con la economía familiar.

De acuerdo con reportes de medios regionales, tanto él como sus hermanos eran presuntamente obligados por sus padres a cumplir extensas jornadas de trabajo informal. Esta situación habría generado una fuerte presión emocional en el joven, afectando de manera significativa su bienestar psicológico.

Antes de tomar la decisión, el adolescente dejó una carta en la que expresó sentirse como una carga económica y emocional para su familia.

“Hola mamá, si estás leyendo esta carta posiblemente ya no esté. Quería decirte que te quiero mucho y a mis hermanos también. Si llegas y me encuentras, es porque siento que soy un problema y una carga. Solamente te pido un favor: ve al liceo y diles a mis compañeros de salón que gracias por ser mis mejores amigos, que se cuiden mucho”, escribió el menor.

Tras conocerse el caso, se generó una fuerte reacción en la opinión pública, marcada por la indignación y el llamado a proteger los derechos de niños y adolescentes. De manera preliminar, se conoció que la madre del menor se encuentra bajo custodia de las autoridades, mientras avanzan las investigaciones para determinar posibles responsabilidades penales.

Este hecho reabre el debate sobre las condiciones de vulnerabilidad infantil, el trabajo forzado en menores de edad y la necesidad de reforzar mecanismos de protección social y atención a la salud mental en comunidades del país.

por primeraedicioncol

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