La nueva edición de la Encuesta Nacional de Condiciones de Vida (Encovi 2025), presentada por la Universidad Católica Andrés Bello, pone cifras a una realidad que millones de venezolanos conocen de memoria: en Venezuela la crisis tiene rostro de mujer.
Abuelas, madres e hijas se convirtieron en el principal amortiguador social del colapso económico. Son ellas quienes sostienen los hogares, administran la escasez, resuelven la falta de agua, enfrentan los apagones, acompañan la educación de los hijos y, al mismo tiempo, intentan generar ingresos en un país donde trabajar muchas veces ya no garantiza sobrevivir.
La encuesta revela que entre 54% y 60% de los hogares venezolanos tienen jefatura femenina. Una cifra que no deja de crecer impulsada por la migración, la precarización económica y la ausencia de redes de protección social.
Pero detrás de ese dato hay una realidad más profunda: las mujeres venezolanas no solo sostienen económicamente sus hogares, también cargan casi solas con el peso emocional, doméstico y pedagógico de la crisis. “La recuperación del país es inviable sin abordar estas desigualdades”, advierten la dirigente Marialbert Barrios y la psicóloga Magdymar León, de la ONG “Avesa”.
Más preparadas, pero fuera del mercado laboral
Uno de los hallazgos más contundentes de la Encovi 2025 desmonta una contradicción dolorosa: las mujeres venezolanas están más preparadas académicamente que los hombres, pero participan mucho menos en la economía formal.
El estudio indica que el capital educativo femenino es ligeramente superior y que incluso el rezago escolar severo es menor en niñas y adolescentes. Sin embargo, esa ventaja desaparece cuando llega el momento de ingresar o mantenerse en el mercado laboral.
La razón no es falta de capacidad. Es falta de tiempo, apoyo y condiciones.
Muchas mujeres terminan abandonando trabajos o desistiendo de buscar empleo porque el costo de salir a trabajar supera lo que podrían ganar. En un país sin sistemas públicos de cuidado, sin guarderías accesibles y con servicios básicos colapsados, millones quedan atrapadas dentro del hogar.
La Encovi describe este fenómeno con crudeza: mientras la participación económica masculina se recupera rápidamente tras las crisis y alcanza el 72%, la femenina apenas llega al 39%.
Detrás de esa diferencia hay una realidad silenciosa: alguien tiene que cuidar a los niños, atender a los adultos mayores, cocinar sin gas, almacenar agua cuando llega y resolver cada emergencia cotidiana. Ese “alguien”, casi siempre, es una mujer.

