El Watchmen de Lindelof, la nueva serie de HBO tuvo su estreno, en medio de variadas expectativas, pero la crítica se ha mostrado complaciente.
Se cuenta desde el presente y no en el 1985 de la obra, y en un mundo que ha vivido todos los sucesos que se cuentan en la novela de Moore y Gibbons.
Por tanto, lo que vemos son sus secuelas, las cicatrices de un mundo mermado y donde la tensión, la violencia y el extremismo se ha hecho cada vez más fuerte.
Esto ha provocado la creación de un grupo supremacista que visten la máscara de Rorschach y que ha provocado tal terror que ha hecho que la policía tenga que vestir máscaras para esconder su identidad.
Una de las decisiones más radicales e interesantes es trasladar la acción de Nueva York a Tulsa Oklahoma, profundizando en lo que parece que será uno de los temas principales de la serie: el racismo.
Para ello realiza un prólogo impresionante en el que se cuenta la masacre de Black Wall Street ocurrida en 1921 y en la que se asesinó a gran parte de la población negra de la ciudad.
Un hecho real que fue borrado de la historia y que no se mencionó en los libros de texto hasta que en 1996 se creó una asamblea para investigar los hechos y que concluyó en 2001 aprobando acciones compensatorias para las víctimas y un parque memorial inaugurado en 2010.
Una sociedad que no aprende de sus errores y que no hace Memoria Histórica está condenada a repetir sus errores, y eso es lo que cuenta este primer episodio de Watchmen que cierra volviendo a aquella masacre con sus ecos en la actualidad y que cierra con uno de los guiños más evidentes y brillantes a la obra original, esa gota de sangre que esta vez no cae en el ‘Smiley’ de El Comediante, sino en la estrella del Sheriff de la ciudad.

