El más reciente informe del Instituto Prensa y Sociedad (IPYS Venezuela), titulado “Las formas del silencio: periodismo en clandestinidad”, expone una transformación profunda del ejercicio periodístico en el país, marcada por un entorno de creciente hostilidad y restricciones sin precedentes.
El documento describe un escenario en el que informar ya no depende únicamente de lo que se publica, sino también de aquello que se omite. En este contexto, el silencio se convierte en una medida tangible de censura y presión estructural.
Uno de los datos más alarmantes del informe es la detención de al menos 25 trabajadores de la prensa durante el último año, la cifra más alta registrada por la organización. Este fenómeno, advierte IPYS, refleja el uso del sistema judicial como herramienta de intimidación para disuadir el ejercicio informativo independiente.
La ONG subraya que “el encarcelamiento de periodistas no solo castiga, sino que funciona como un mecanismo de intimidación que impacta a todo el gremio”, consolidando un clima de miedo generalizado. Reportes recientes ya alertaban sobre detenciones arbitrarias como parte de una tendencia sostenida de represión contra comunicadores en el país .
Ante este panorama, las dinámicas en las redacciones han cambiado de forma drástica. La falta de garantías procesales y el riesgo de arrestos arbitrarios han obligado a muchos periodistas a modificar sus rutinas, reducir la cobertura en campo y proteger su identidad, priorizando la seguridad personal sobre la visibilidad profesional.
IPYS Venezuela sostiene que esta situación no es fortuita, sino consecuencia de un ecosistema diseñado para inducir la autocensura como mecanismo de supervivencia. La organización identifica varios factores clave en este deterioro: persecución judicial, exilio de profesionales, bloqueos digitales a portales informativos, vigilancia en redes sociales y precarización económica de los medios.
Este debilitamiento estructural ha provocado la reducción de equipos de trabajo y la pérdida de talento, afectando directamente la calidad y diversidad de la información disponible para la ciudadanía.
El informe también advierte que la medición de la libertad de expresión en Venezuela ha evolucionado. Ya no se limita al cierre de medios tradicionales, sino que se refleja en la desaparición progresiva de temas sensibles de la agenda pública.
“En 2025, el silencio se convirtió en un indicador clave de la censura”, señala el reporte, destacando que los contenidos que dejan de publicarse evidencian con mayor precisión el nivel de control informativo.
En definitiva, el miedo se ha consolidado como un factor estructural que redefine las reglas del periodismo en Venezuela. Esta realidad no solo afecta a quienes ejercen la profesión, sino que compromete directamente el derecho de la sociedad a acceder a información veraz, oportuna y plural en un momento determinante de su historia.

