El economista Hermes Pérez advierte que la inflación en Venezuela ha deteriorado de forma acelerada el poder de compra de las remesas, uno de los principales ingresos que sostienen a millones de familias en el país.
A pesar de esta pérdida de valor, el flujo de dinero enviado por la diáspora continúa ganando peso dentro de la economía nacional.
Según Pérez, el problema de fondo radica en el comportamiento inflacionario, que impacta directamente en el tipo de cambio. “Cuando hay inflación, todos los precios suben y el tipo de cambio es un precio más. En diciembre de 2024 se podía comprar un dólar con 52 bolívares; hoy se requieren cerca de 470 bolívares, y en algunos mecanismos como subastas puede llegar a 560 bolívares o más en el mercado paralelo”, explicó.
Un crecimiento acelerado y estructural
El especialista subraya que el auge de las remesas no ha sido coyuntural, sino estructural. Entre 2015 y 2018, el flujo pasó de ser prácticamente inexistente a alcanzar los 2.000 millones de dólares anuales. Incluso durante la crisis global provocada por la pandemia de COVID-19, los envíos no se detuvieron, sino que aumentaron hasta los 3.000 millones de dólares.
Este comportamiento, según Pérez, refleja el compromiso sostenido de la diáspora venezolana —estimada en más de 9 millones de personas— con sus familiares en el país.
Peso frente a la industria petrolera
La relevancia de las remesas se evidencia al compararlas con los ingresos petroleros. En 2020, en uno de los momentos más críticos del sector energético, los envíos desde el exterior alcanzaron los 2.500 millones de dólares, lo que representó el 53% de los ingresos petroleros.
Posteriormente, en 2021 y 2022, las remesas se ubicaron en torno a los 3.600 millones de dólares, equivalentes al 33% de los ingresos petroleros, estimados en unos 10.000 millones de dólares. Aunque el porcentaje disminuyó, esto respondió principalmente a una leve recuperación del sector petrolero.
Para 2025, la proporción se estabilizó en 18%, con un flujo anual de 3.242 millones de dólares. No obstante, en términos absolutos, sigue siendo una cifra significativa que posiciona a las remesas como un componente clave del ingreso nacional.
Más allá del petróleo
Al comparar las remesas con las exportaciones no tradicionales, su impacto es aún más evidente. Actualmente, el dinero enviado por los migrantes representa cerca del 38% de lo que Venezuela logra exportar fuera del sector petrolero.
Para Pérez, este flujo constituye un “activo estratégico” para el futuro del país, ya que demuestra que, pese a la distancia, la diáspora mantiene fuertes vínculos económicos y familiares con Venezuela.
Proyecciones al alza para 2026
Las perspectivas apuntan a un crecimiento sostenido. En un escenario conservador, el economista estima que las remesas podrían alcanzar los 4.000 millones de dólares al cierre de 2026, impulsadas por la estabilidad de los envíos y el aumento de la migración.
Sin embargo, el reto sigue siendo la inflación, que continúa erosionando el impacto real de estos ingresos en los hogares venezolanos.

