Muchos recordamos a quienes por primera vez nos enseñaron nuestras primeras letras, a dibujar , jugar con plastilina, cantar el himno nacional, a respetar al compañero de aula, y en algunos casos principios y valores que deberían ser inculcados en la familia.
No es fácil moldear a un niño y mostrarle el buen camino cuando en algunos casos no tiene en su entorno un buen ejemplo a seguir, hay que tener vocación e identificarse plenamente con el rol que le toca enfrentar y convertirse en un faro que le ilumine el camino.
Salimos a la calle, y de pronto vemos un rostro conocido, si, ella fue mi maestra en primaria , aquella joven y alegre normalista que nos guio un largo rato por el camino del saber, hoy tiene un aspecto descuidado, poca masa muscular, aquella voz que nos enseñó nuestras primeras canciones está casi apagada, su mirada no es la misma, sus ojos reflejan sufrimiento y frustración por tiempo en calidad y cantidad invertidos en carajitos ajenos que hoy ni se acordaran de ella, que triste, que ironía, la maestra que adiestro al ingeniero, al médico, al profesor, al abogado, hoy está abandonada y sin recursos, su delito fue nacer en un país donde las personas de la tercera edad se vuelven invisibles para la sociedad y el estado.
Imaginemos por un momento que por la vida de Simón Bolívar no se hayan cruzado dos de sus diez grandes maestros como lo fueron Andrés Bello y Simón Rodríguez quienes le inculcaron el amor a la libertad, patriotismo, la dignidad, la independencia del yugo español y la igualdad social, ellos vieron un potencial muy grande, lo orientaron y despertaron un gran líder, hoy es reconocido como el hombre más importante de la historia de América por librar grandes batallas donde liberó cinco naciones, ( el hombre de las dificultades) de haber sido así, el joven Simón hubiese sido un lancero, guerrero invencible, pero anónimo, la historia seria otra.
La profesión de maestro es quizá una de las más importantes en una sociedad, ellos forman el ciudadano del mañana, pero ya nadie desea desempeñar ese rol, su indigno salario apenas cubre un quince por ciento de la canasta básica, no tienen servicio médico, sin opción a adquirir vivienda, ni hablar de su jubilación, el común de las personas no ve atractivo dedicarse a esa función para tener un presente y futuro de penalidades y adversidades difíciles de enfrentar, una aplauso a esos valientes que se atreven a ejercer la docencia en Venezuela, son héroes y heroínas, mi respeto y reconocimiento a cada uno de ellos.
Licenciado Néstor Peralta
CNP: 7.371

