Fue por allá por el año 1900 y tantos cuando tenía no más de 4 años, mi madre noto que no crecía, ni engordaba, de mal comer y sin apetito, una amiga le recomendó una medicina que estaba de moda en ese entonces y fue un tormento durante una parte de mi infancia, ese remedio venia en un frasco color ámbar y en su relieve se observaba la figura de un hombre cargando sobre su espalda un enorme pescado, eso jamás se me olvidara, el que lleva el bacalao en la espalda soy yo.
Todavía recuerdo el trago amargo de ese jarabe que supuestamente ayudaba en el crecimiento y el desarrollo de los niños, en la memoria de mis papilas gustativas siento ese sabor a pescado, grasiento, fermentado, repugnante, y lo peor es que tenía que tomar por las buenas, porque me lo estaba dando nada más y nada menos que mi madre, se me erizaban los pelos, apretaba todos los músculos y esfínteres, se me detenía la respiración por cada cucharada, y así tres veces al día durante los 365 días del año.
Todos los niños de mi época (eso no hace mucho) tomábamos ese bendito remedio, pobres, ricos, blancos y negros, fue un tema de conversación obligado durante los recreos y tareas, estábamos de acuerdo que era una verdadera tortura, no había manera de escapar de eso, no era justo, pero era por nuestra salud, supuestamente ese remedio era para dar apetito, aportar vitaminas, minerales y formar un sujeto alto y fuerte.
Hoy en día miro atrás, y el deseo de mi madre de ver a un hijo de buen peso y buena estatura nunca se dio , cuando llegue a 20 años quede en 50 kilos y 1.60 ms de altura, y allí me estanque, ni subo ni bajo, fue lo contrario a lo que deseaba ella, no ha habido manera ni fórmula para aumentar peso y talla, absolutamente nada, me quede pasmado como dicen en criollo, una vez escuche a una vecina diciéndole a otra: vos sabéis que Anita (mi santa madre) tuvo 7 hermosos hijos… y… a Nestico señalándome con su bemba, hasta la fecha no sé qué quiso decir esa señora con ese comentario, a lo mejor fui víctima de un mal de ojo de alguna señora estéril o de algún experimento de esos que hacen algunos laboratorios farmacéuticos, con el propósito de quien sabe que, lo cierto es que quienes tomamos inocentemente esa cosa nos fregamos.
Casi que juro de rodillas que el autor de ese bebedizo repugnante era discípulo del “ doctor” Josef mengele, un ser que hizo juramento hipocrático y luego se pasó para el lado oscuro de la historia sirviéndole al despreciable de Hitler allá en los campos de concentración donde torturaban y hacían experimentos con prisioneros de guerra para crear la tal raza aria que tanto deseaba el fuhrer y dominar el mundo, llego tan lejos ese individuo que inspecciono y amplio’ la capacidad de las cámaras de gas para asesinar millones de personas.
Al terminar la segunda guerra mundial huye y se cambia el nombre, llego a Brasil en 1961, donde siguió haciendo experimentos en humanos, fue allá en la ciudad de Cándido Godoi donde comenzaron a nacer gemelos con ojos grises, y eso no fue por casualidad, ¿se fijan por donde vienen los tiros?
Posiblemente alguna potencia vislumbraba una guerra con el tercer mundo y nos enviaron esa vaina liquida que altero el ADN de inocentes niños para retardar o anular su crecimiento y crear ejércitos de pigmeos , duendes y liliputienses, en lo personal no me creo capaz con este cuerpito portar un fusil de 5 kilos de peso que al dispararlo me enviaría a 15 metros atrás fracturándome clavícula y coxis, no llego ni a miliciano Venezolano, no soy apto ni para ir a una guerra de minitecas porque al llegar las 8 de la noche estoy en el tercer sueño, que buena lavativa me hecho la vida cuando se cruzó en mi existencia ese menjurje del carrizo.
No le deseo mal a nadie pero ojala al que invento esa cosa que disfrazó de medicamento tenga la suegra viva y en su casa, lo persigan las mujeres peleonas, bigotudas y toxicas, si está muerto que san Pedro lo envié allá donde el innombrable, lo sumerjan en una paila con aceite de fritangas usado a mil grados Centígrados y le pongan a todo volumen los gargarismos y sonidos guturales de Bad Bunny, la colección completa de Paquita la del barrio y hasta las canciones de Popy, por ese crimen que cometió contra nosotros los niños de los años 60, alguien debe investigar seriamente que sustancia contenía aquella botella color ámbar que creo’ una generación que jamás podrá ir a ninguna batalla y mucho menos ser galanes de telenovelas.
Néstor L Peralta U
CNP: 7371

