La arepa es el ícono gastronómico, la herencia común que nos une a los venezolanos, los colombianos y los panameños. Para estos tres países latinoamericanos, la arepa es parte de su folklore, en especial en Cabimas, donde la “esférica” tiene una personalidad única.
Por décadas, el consumo de arepas se ha afianzado en nuestra mesa, consiguiendo variantes que, incluso, se atrevieron a darle un giro inesperado y agregarle un sello local. Tal es el caso de la arepa cabimera, la cual ha sido insertada dentro del catálogo de Patrimonio Cultural de Venezuela, así como ha sido agregada como plato específico en algunas cartas del mundo. La arepa cabimera, de la que se supo comenzó a venderse en el siglo pasado en las populares tostadas de la ciudad, se hizo famosa al presentar como atractivo el relleno arriba y no adentro.
Así, la segunda ciudad más importante del estado Zulia, al oriente de Maracaibo, diferenció sus arepas del resto: los preparadores la fríen para que sirva de base crocante; la cortan en cuadros dejándole su misma forma ordenada; y le colocan encima variedad de ingredientes que comúnmente son carne mechada guisada, pollo, pernil, jamón, queso, ensalada y el infaltable huevo.
Algunas las hacen hasta con camarones y otras carnes. Lo importante es que la arepa sea frita, sea cortada en trozos y el relleno se le coloque por encima. Luisdímero José Rivas Alemán, conocido como el popular “Mimo”, es uno de los fieles exponentes de este plato. Cuando él comenzó a trabajar el negocio de las arepas en la ciudad tenía poco mas de 10 años, pero solo era un ayudante de otros que con el tiempo fracasaron en su intento por vivir de la venta de comidas.
Él, creyendo que Cabimas sí podía dejar huellas en la comercialización de arepas bajo esa forma, instaló desde hace 43 años un negocio propio, que aún se mantiene activo y se ha convertido en ícono de la ciudad. Ha superado en popularidad alrededor de 25 establecimientos del municipio que se dedican a lo mismo. Mimo junto con Juvenal Ochoa, otro arepero, es de los que contribuyeron a darle nombre propio a la arepa de la ciudad.
La diferencia entre Juvenal y Mimo es que el primero delegó funciones, las dejó de preparar personalmente y desde hace más de 20 años solo administra el negocio, mientras que, el segundo, sigue fajado hasta el sol de hoy preparando las arepas asadas, rebosadas después en una mezcla de harina de trigo con agua y sal, fritas luego, embadurnadas al salir con una frondosa capa de mayonesa, queso frito, jamón frito, otra capa de queso frito, huevo cocido, salsa de tomate y más mayonesa. Un bombazo al colesterol, los triglicéridos y los consumos calóricos diarios, ya que una sola arepita puede contener entre 700 a 800 calorías.
A pesar de que el 90% de sus ingredientes son fritos, ninguno es secado en servilletas. Todo es dispuesto en una tabla de madera que escurre el aceite. Su arepa es la única en la ciudad preparada bajo esa forma, pues no contiene ningún tipo de carnes, ni ensalada, y así gusta. El secreto: conserva la esencia del refrán americano “fat is flavor” (grasa es sabor) y tampoco mezcla las salsas con agua, sino que son puras.
“En Cabimas se hizo popular una frase entre los cardiólogos. Ellos comentan que gracias a Mimo aumentaron sus consultas. ¡Y no es mentira! Las cardiopatías en Cabimas van en aumento porque se consume mucha fritura y tortas con grasa. Pero Mimo no es el único culpable de eso. En una oportunidad venía sentada en un transporte público y el chofer dijo: ‘¡Mimo fríe hasta el plato!’.
Y es que, cuando apenas construían el centro comercial icónico del municipio —La Fuente—, cuando la ciudad se acomodaba a la estampa que luce hoy, cuando Cabimas apenas estrenaba una división geográfica distinta que la organizaba en sus siete primeras parroquias (hoy nueve), la arepa cabimera comenzaba a afianzarse con la llegada de Mimo a la calle Churuguara, esquina con Las Cabillas, al oeste de la jurisdicción.
En un quiosco de Pepsi Cola que se destartaló con el uso, se sembró en la ciudad la huella de Mimo, hoy con mejor rostro: un quiosco de bloques y cemento, con una chimenea para que no se les concentre el calor y acumule la grasa. Sus enormes calderos, negros de tanto fuego, su cuchillo de dos gemes aproximadamente (entendiéndose el geme como una medida que se toma desde el pulgar hasta el índice abierto), y una venta de música al lado que alborota la clientela, sirven de escenario para degustar la arepita.
Hasta un grupo de miameros se acercaron a su quiosco para grabar el procedimiento de elaboración de las arepitas y montaron un negocio similar en Miami al que bautizaron “Arepas cabimeras”. Esa es una sucursal de Mimo en Estados Unidos que no le deja ganancias, solo honra. Definitivamente, él es un personaje querido en todo el municipio y sus adyacencias. A todos les ha puesto sabor.
Tomado de Crónicas de Cabimas


Felicidades por ese nuevo diario. Bello. Y significativo el reportaje de nuestro amigo mimo. Famosas sus árepas. Cabimero que no haya escuchado las árepas de mimo es imposible