A Gabriel Bracho se le considera uno de los más famosos muralistas de América Latina. Su inclinación tiene nombre y apellido y nacionalidad: los muralistas mexicanos Diego Rivera y David Alfaro Siqueiros, quienes compartieron estudios en las escuelas de artes mexicanas.

Gabriel Bracho nació en Los Puertos de Altagracia, Zulia-Venezuela el 25 de mayo de 1915, dejó centenares de obras de caballete en Venezuela y trabajos gráficos dispersos por coleccionistas privados y de museos de todo el mundo.

Uno de sus murales «Boyacá», adorna las paredes del Palacio Presidencial de Miraflores y un vitral único se encuentra en el Ministerio de la Defensa; corresponde a la cúpula del edificio con una superficie de 234 metros cuadrados.

A los 9 años había comenzado a revelarse como caricaturista de fantoches y en el año 1936 el Círculo Artístico del Zulia le abre sus puertas bajo la dirección de Neptalí Rincón, para luego dirigirse a la Ciudad de Caracas donde ya anunciaba ser el pintor más representativo de temas sociales en Venezuela.

Sus ansias de viajar y tener contacto con el arte, le hizo radicarse en Chile, Argentina, Bolivia, Moscú, París y México permitiéndole dotar a Venezuela de una expresión perdurable en sentido continental.

En su estadía en México muestra una exposición en el Palacio de Bellas Artes y su obra se extiende a Colombia, Ecuador y Perú.

En los años de lucha por la paz viaja a Varsovia encontrándose con Pablo Picasso y fué en la ciudad de Sofía, Bulgaria que obtiene el primer premio en la «Trienal de Pintura Realista Comprometida». Antes de regresar a Venezuela culmina en Londres con una exposición y el éxito fue tan notable que el Museo de Bellas Artes le abrió las puertas.

Vista esta realidad, en la cima de la belleza del mundo, hacemos abstracciones a una patética (dramática, trágica, enternecedora) presencia de una acción desculturizante en el Municipio Cabimas.

En el año 1980 fue inaugurado el Boulevard Costanero y con él: una galería de arte a la altura de las mejores de Latinoamérica y en el año 2006, fue demolida.

En ese mismo espacio se erigió un maravilloso vitral de Gabriel Bracho alusivo a la historia petrolera de Cabimas… este mural-vitral, fue destruido.

En el espacio del Teatro Municipal, en ambos lados de su interior se exhibían dos paneles-murales de Gabriel Bracho y luego de la resultante de una jornada electoral en el año 2008, los murales fueron retirados y llevados a la Diócesis de Cabimas, para posteriormente los representantes de la nueva administración municipal los almacenaran en la Dirección Municipal de Cultura, dónde supuestamente reposan actualmente por 14 años.

Hay quienes dicen «amo a Cabimas», pero la reflexión mas valiosa, es que hago por ella. «El hombre se particulariza por su capacidad de construir, pero se singulariza por su capacidad de destruir».

Valga recordar dos hechos ocurridos en ésta ciudad. La vulneración del color original del monumento al trabajador petrolero y la destrucción interna de la Sede de los Poderes Públicos «los hombres pasan, las obras quedan y las obras hablan por los hombres». Los pueblos progresan por su cultura y hacen nobles su gentilicio.

¡Un llamado a la conciencia, rescatemos las obras de Gabriel!

Es por ello, que bajo las circunstancias actuales, favorables a una contribución por el bienestar cultural de Cabimas, las obras de Gabriel Bracho pronto sean exhibidas como una joya a todos los espectadores que interpretan que «arte y vida» es la misma cosa.

«Destrucción y miseria hay en sus caminos», Romanos 3:17

JOSÉ LUNAR LIRA
FILÓSOFO

por primeraedicioncol

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