En el reciente ataque militar ordenado por el presidente Donald Trump contra instalaciones nucleares en Irán, Estados Unidos desplegó por primera vez en combate una de sus armas más poderosas y secretas: el Massive Ordnance Penetrator (MOP).
Se trata de la bomba guiada GBU-57, un proyectil de clase pesada de 30.000 libras (más de 13 toneladas) diseñado específicamente para destruir instalaciones subterráneas reforzadas, como búnkeres nucleares y silos profundos.
¿Cómo funciona el MOP?
El Massive Ordnance Penetrator (MOP) utiliza una combinación de GPS y un sistema de navegación inercial para guiarse con extrema precisión hasta su objetivo.
Una vez en trayectoria, la bomba impacta a altísima velocidad utilizando una carcasa especial de aleación de acero que le permite perforar el suelo o concreto antes de detonar su potente carga explosiva de aproximadamente 5.000 libras.
De acuerdo con fuentes militares, el MOP puede penetrar hasta 200 pies de profundidad (más de 60 metros), aunque versiones más avanzadas podrían superar esta cifra.
Si un solo proyectil no logra alcanzar completamente el objetivo, es posible lanzar múltiples bombas en rápida sucesión para lograr una mayor penetración.
¿Qué avión puede lanzar el MOP?
Actualmente, el B-2 Spirit, el bombardero furtivo de largo alcance de la Fuerza Aérea de EE.UU., es el único avión capaz de transportar y lanzar el MOP en operaciones reales. Esta aeronave puede llevar dos bombas MOP al mismo tiempo, siendo la plataforma más adecuada para misiones contra instalaciones endurecidas.
Además, el nuevo bombardero en desarrollo, el B-21 Raider, también está siendo diseñado para poder lanzar un MOP, aunque solo podrá transportar una unidad por misión, según fuentes del Pentágono.
Impacto estratégico del uso del MOP
El uso del Massive Ordnance Penetrator (MOP) en el ataque a Irán marca un punto de inflexión en la capacidad ofensiva de Estados Unidos para neutralizar amenazas nucleares protegidas bajo tierra. El despliegue de esta arma sugiere que los objetivos atacados —como las instalaciones de Fordow, Natanz y Esfahán— estaban fuertemente reforzados y que el Pentágono consideró necesario el uso de tecnología de penetración profunda para garantizar su destrucción.
Esta operación también envía un mensaje claro a otros países con programas nucleares subterráneos: EE.UU. cuenta con la capacidad técnica y táctica para destruir incluso los objetivos más protegidos del planeta.

