En los últimos meses, el fenómeno de los llamados therians ha comenzado a generar conversación en América Latina, especialmente entre padres, educadores y especialistas en salud mental. Se trata de jóvenes —principalmente adolescentes— que afirman sentir una conexión profunda con un animal específico, al punto de integrarlo como parte de su identidad interna.

Aunque la tendencia tiene mayor visibilidad en plataformas digitales como TikTok, Instagram y foros especializados, su presencia en países latinoamericanos ha ido en aumento, impulsada por comunidades virtuales donde los participantes comparten experiencias, símbolos y relatos personales.

La cosa es así: los therians se viralizaron porque generan en los otros un “algo” difícil de decodificar. Es risa, es bronca, es comprensión, es menosprecio, es incomodidad, es amor, es desconocimiento, es todo eso junto y mucho más. Un combustible ideal para empujar el algoritmo de TikTok.

Así las cosas, por estos días, los therians andan recibiendo una atención inusitada. Y si bien son una comunidad joven, nacida al calor de la red en los foros de Usenet de comienzos de los ’90, superaron en popularidad a los ya instalados furries, subcultura que maneja un interés profundo en los animales antropomórficos, figuras habituales en los eventos del fandom otaku y misceláneos. La tecnología cambió, pero la necesidad de manada es la misma.

El fenómeno, que no es nuevo a nivel global, encuentra en la región un terreno marcado por el uso intensivo de redes sociales y la búsqueda juvenil de pertenencia.

¿Un problema de salud mental?

Expertos en psicología coinciden en que identificarse como therian no constituye, por sí mismo, un trastorno mental. No está catalogado en manuales diagnósticos como el DSM-5 ni en clasificaciones clínicas internacionales. Sin embargo, algunos profesionales han comenzado a observar el fenómeno con atención, especialmente cuando involucra a niños y adolescentes en etapas clave de construcción identitaria.

La preocupación no radica necesariamente en la experiencia subjetiva de sentirse conectado con un animal, sino en cómo esa identidad se integra en la vida cotidiana. Psicólogos advierten que, cuando un menor se sumerge intensamente en esta autodefinición sin acompañamiento adulto, podría enfrentar dificultades para consolidar una identidad estable o experimentar confusión emocional si no cuenta con espacios de diálogo.

Al mismo tiempo, especialistas subrayan que este tipo de expresión suele estar más vinculada a procesos normales de exploración juvenil que a una patología. En contextos de hiperconectividad, donde las comunidades digitales ofrecen sentido de pertenencia inmediato, muchos adolescentes encuentran en estas narrativas un modo de expresar emociones, sensibilidad o diferencias personales.

Redes sociales y construcción de comunidad

En América Latina, el crecimiento del fenómeno está estrechamente ligado a la expansión de comunidades virtuales. A través de hashtags y grupos cerrados, jóvenes comparten experiencias relacionadas con sueños, comportamientos simbólicos o afinidades con determinadas especies.

Para algunos investigadores sociales, este tipo de identidad puede interpretarse como una forma contemporánea de explorar la individualidad en un entorno digital donde las categorías tradicionales se vuelven más flexibles. Sin embargo, cuando la exposición en redes se vuelve masiva, también surgen riesgos: burlas, estigmatización escolar y tensiones familiares.

Padres y docentes han manifestado inquietudes cuando estas expresiones trascienden el ámbito privado y generan conflictos en espacios educativos o sociales. En algunos casos, la incomprensión puede derivar en rechazo, mientras que en otros se abre un espacio de conversación más constructivo.

El papel del acompañamiento adulto

Especialistas recomiendan evitar respuestas basadas en el estigma o la confrontación directa. En su lugar, sugieren fomentar el diálogo abierto, la escucha activa y la orientación profesional cuando sea necesario. La clave, indican, está en distinguir entre una fase de exploración identitaria —frecuente en la adolescencia— y situaciones donde puedan existir señales de malestar emocional más profundo.

En América Latina, donde aún persisten brechas en acceso a servicios de salud mental y educación emocional, el fenómeno therian se suma a otros desafíos contemporáneos vinculados al impacto de las redes sociales en la construcción del yo.

Más que catalogarlo como una moda pasajera o una alarma clínica, expertos coinciden en que el debate debe centrarse en cómo acompañar a los jóvenes en su proceso de autodescubrimiento, garantizando entornos seguros que favorezcan su bienestar psicológico y social.

por primeraedicioncol

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