Néstor Luis Pérez Borjas

En febrero de 1907 el empresario venezolano Antonio Aranguren recibió de Cipriano Castro una licencia para ejecutar por espacio de 50 años, importantes trabajos de extracción de petróleo en los lugares donde ya se habían explorado unos cuantos yacimientos.

Más adelante, el 13 de mayo de 1913, la empresa Venezuela Oil Concesiones Ltd. (VOC) realiza un convenimiento y es adquirida por la Royal Dutch Shell, y Aranguren asegura su participación en esa empresa.

Al iniciarse en Cabimas la era petrolera, la ciudad no contaba con muchos habitantes, pero al comenzar a llegar personas de varias regiones del país en procura de mejorar su condición económica la economía de Cabimas comenzó a diversificarse y su población también.

La compañía Shell tenía un amplio patio de tanques, cuya dimensión abarcaba una extensa manzana que hoy compone «la extensión de LUZ, el supermercado D’ Candido, AGEL, club Ítalo, bordeaba parte del palacio del Obispo y avenida universidad.

Debido al creciente auge de la actividad laboral, la transnacional construyó un gran galpón, donde funcionó una escuela artesanal de alto perfil que adiestraba personal calificado.

Asimismo, en el edificio donde funcionaban sus oficinas administrativas había un moderno dispensario que hoy día ocupa la extensión de ingeniería de luz. Varias urbanizaciones y colegios fueron construidos esos años, entre ellos, las casas de madera de dos plantas que todavía están en esa área.

En un amplio terreno que se distinguía por la suavidad de sus  arenas amarillas, conocido como «el campito» lugar este donde solíamos jugar los niños de por ahí y que es ocupado hoy por la empresa automotriz Cabimas, en la parte final de ese pequeño desierto, había tres largas tuberías de aproximadamente 50 pulgadas de grosor que provenían desde ese patio de tanques y que al perderse en lo profundo de la tierra se dirigía al muelle que estaba ubicado en la playa, al fondo del » Centro Comercial la Fuente».

Para facilitar las labores del muelle, la empresa Shell construyó, desde su principal área de trabajo, más de un kilómetro de vías, o rieles similares al de un ferrocarril, a fin de que se desplazara un pequeño carrito o vagón de tracción manual, conocido como dresina o zorra, el cual en su trayectoria, al salir de ese patio de tanques,  atravesaba el mencionado «campito de arenas amarillas»  y cruzaba la calle el Rosario, para seguidamente pasar frente de la gran papelería, Centro comercial Amal y llegar finalmente al muelle para recibir de los barcos, los insumos y todo tipo de herramientas.

Inmediatamente después se iniciaban las labores de embarque y desembarque del personal especializado y así mismo, el llenado de petróleo en los depósitos del barco, mismo que era bombeado a través de la mencionada tubería desde el patio de tanques para luego ser exportado hacia los EEUU.

La utilidad de ese embarcadero finalizó cuando fue construida la isla artificial de la salina en el año de 1957 y el embarque de petróleo comenzó desde allí.

Al quedar fuera de servicio, ese muelle se convirtió en un lugar muy apropiado para la pesca artesanal que llegó a resolver la necesidad alimentaria de los moradores del lugar.

Al fondo de la actual parada de carritos de Cabimas-La Rita, en los años 30, en ese lugar, nació  José del Carmen Borjas Montezuma, y  pasados los años lo llamaban cariñosamente «Checame».

Este cabimero era sobrino de Godofredo Borjas (Godito) y tenía fama de ser un diestro nadador y conocedor de las playas del lugar y en lo particular la del muelle, cuando a finales de los años 50 habían cesado las actividades petroleras allí.

Este joven, junto a sus amigos pasaban parte de su tiempo en esas playas, por tal motivo se las conocían como a la palma de sus manos. «Checame» tenía una estatura de casi dos metros de alto, de piel morena y músculos bien definidos.

En ocasiones solía retar a sus amigos, para lo cual, lanzaba una moneda de cinco bolívares de plata al fondo de las aguas del muelle y decía, que, aquel que lograra sacarla desde el fondo se la podía quedar. Esto se debía, a que el joven solía bucear en las profundidades de las aguas de ese muelle que él conocía mejor que nadie, sobre todo de la cantidad de tuberías y entramado de instalaciones que habían debajo de ese embarcadero.

Pasado el tiempo, debido a la ausencia de las actividades petroleras el muelle se convirtió en un lugar peligroso para quienes ignoraban los secretos de su construcción, y fueron muchos, los que ignorando las señales de peligro se lanzaron confiados y se golpeaban la cabeza con los tubos, quedando presa del trauma del impacto, por lo que perdieron la vida ahogados.

Tomado de la página Cabimas de Ayer y Hoy en Facebook

Autor Néstor Luis Pérez Borjas, fotógrafo profesional, artista visual y cronista aficionado de la ciudad de Cabimas.

La fotografía original pudiera estar sujeta a derechos de autor.

El fotomontaje y el resto de las imágenes fueron creadas por mi utilizando la tecnología de IAG, RNC, y FDL.

por primeraedicioncol

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