Casi cuatro meses después de la muerte de Danna Alexandra Rivera García, su familia volvió a enfrentarse al dolor, esta vez frente a los tribunales de Cabimas. Salieron indignados y con una pregunta que, aseguran, todavía no tiene respuesta: ¿qué significa realmente hacer justicia cuando una vida fue arrebatada en las calles?
El 15 de abril de 2026, Danna, de quien sus familiares recuerdan su vida, sus proyectos y los vínculos que dejó, murió luego de ser arrollada por una gandola Mack cuando se desplazaba en bicicleta por la avenida 32 con carretera J, en el municipio Cabimas, estado Zulia.
La joven regresaba de su jornada laboral cuando fue embestida por la pesada unidad. Quedó gravemente herida sobre el pavimento y fue trasladada por funcionarios del Cuerpo de Bomberos hasta la Clínica El Rosario, donde falleció al ingresar a la sala de trauma shock.
El conductor del vehículo fue detenido en ese momento y quedó a disposición de las autoridades mientras avanzaban las investigaciones.
“Se declaró culpable, pero salió caminando”
Casi cuatro meses después, el caso llegó nuevamente a los tribunales.
De acuerdo con el relato de los familiares de Danna, el conductor se declaró culpable por los hechos, pero posteriormente abandonó el Tribunal Penal de Cabimas caminando y se retiró en un vehículo junto a su esposa.
La escena, aseguran, profundizó su indignación.
Para una familia que todavía intenta asimilar la pérdida de una hija, una hermana, una amiga y un ser querido, resulta difícil entender que quien reconoció su responsabilidad pueda salir del tribunal mientras ellos regresan a casa con una ausencia que será definitiva.
La familia cuestiona además la decisión judicial y reclama una respuesta que, a su juicio, sea proporcional a la gravedad de lo ocurrido.
“Una declaración de culpabilidad no puede convertirse en un pase libre para ignorar el dolor de una familia”, sostienen.
Una familia que exige justicia
Los familiares aseguran que durante su permanencia en los tribunales se encontraron con actitudes que interpretaron como desafiantes y carentes de empatía.
Relatan que, mientras ellos esperaban una decisión con el dolor todavía intacto, percibieron del otro lado un tono que consideran distante y una ausencia de arrepentimiento que hizo todavía más difícil la jornada.
No reclaman que la muerte de Danna sea reducida a un expediente.
Reclaman que su nombre no termine convertido en una cifra más dentro de las estadísticas de personas fallecidas en accidentes viales.
También cuestionan que una familia tenga que salir de un tribunal con más preguntas que respuestas después de perder a uno de sus integrantes.
Danna no era una estadística
La muerte de Danna vuelve a poner sobre la mesa un problema que trasciende este caso: la vulnerabilidad de quienes se movilizan en bicicleta frente a vehículos de gran tamaño y el impacto que tienen los siniestros viales sobre las familias de las víctimas.
Detrás de cada accidente hay una historia que continúa para quienes sobreviven.
En el caso de Danna, sus familiares aseguran que continuarán reclamando una decisión que consideren justa y proporcional a la pérdida sufrida.
Este miércoles, según relataron, tampoco pudieron grabar un video en las afueras del tribunal para expresar públicamente su posición. Pero aseguran que eso no silenciará su reclamo.
“Nuestra voz no la van a apagar. Esto no se acaba aquí”, expresaron.
La familia insiste en su exigencia de una sentencia justa y ejemplar y advierte que continuará haciendo visible el caso.
Porque para ellos, Danna no es un número, ni una estadística, ni un nombre perdido en un expediente.

