Hablar de la Asociación de Comerciantes e Industriales de Lagunillas (ACIL) no significa referirse únicamente a una organización gremial dedicada a defender los intereses de comerciantes e industriales. Su historia está estrechamente vinculada con la transformación de Lagunillas y con numerosas gestiones que, durante décadas, buscaron mejorar las condiciones de vida, trabajo y producción en el municipio.
La historia comenzó el 4 de octubre de 1965, cuando un grupo de comerciantes e industriales se reunió en los salones del Hotel Europeo para dar forma a una organización destinada a representar al sector productivo. Desde entonces, aquella iniciativa se convirtió en una institución con presencia permanente en los principales procesos de desarrollo de la localidad.
Una organización que impulsó servicios e infraestructura
Durante sus primeros años, ACIL asumió un papel activo frente a las necesidades de infraestructura y servicios públicos que acompañaron el crecimiento acelerado de Ciudad Ojeda y del municipio.
Entre las gestiones que marcaron esa etapa estuvieron el asfaltado de las calles de Ciudad Ojeda y la apertura de importantes vías de comunicación, entre ellas la avenida 34, la calle Miranda y la calle Vargas.
La organización también intervino para lograr la incorporación de Lagunillas a la red de discado directo de CANTV, un avance que facilitó las comunicaciones de una localidad cuyo crecimiento económico estaba estrechamente relacionado con la actividad petrolera e industrial.
De igual manera, ACIL encabezó reclamos ante las autoridades para procurar mejoras en el suministro eléctrico administrado entonces por CADAFE.
Estos logros permiten entender una característica fundamental de la institución: su actividad gremial no se limitó a defender a las empresas. También buscó crear las condiciones necesarias para que esas empresas pudieran funcionar y para que el municipio pudiera crecer.

La Zona Industrial y la formación de trabajadores
Uno de los capítulos más importantes de esta historia fue la promoción de la Zona Industrial de Ciudad Ojeda, que llegó a concentrar numerosas empresas y talleres especializados, especialmente vinculados con la metalmecánica.
Este espacio se convirtió en un componente fundamental de la economía local y en un importante soporte para actividades productivas relacionadas con la industria petrolera nacional.
Pero el crecimiento industrial planteó una nueva necesidad: formar trabajadores capaces de responder a las exigencias de las empresas.
Aunque existía una importante actividad económica, Lagunillas no contaba inicialmente con una sede del Instituto Nacional de Cooperación Educativa (INCE). La capacitación laboral disponible se reducía principalmente a cursos de economía doméstica, mecanografía y contabilidad que se ofrecían en el antiguo Centro Comunal.
ACIL impulsó entonces las gestiones para establecer una sede del INCE en la localidad. La llegada de esta institución significó un cambio importante, pues permitió ampliar y profesionalizar las oportunidades de formación para la creciente fuerza laboral de la zona.
En otras palabras, el gremio entendió que el desarrollo industrial no dependía solamente de tener empresas, sino también de contar con trabajadores preparados.
Salud: otra batalla de la sociedad organizada
La defensa de mejores servicios de salud fue otro de los frentes en los que ACIL tuvo participación.
En 1972 comenzaron las gestiones para extender al municipio los servicios del Instituto Venezolano de los Seguros Sociales (IVSS). La solicitud respondió a las dificultades que enfrentaba la población para acceder a una atención médica adecuada.
El proceso fue largo. Casi una década después, en 1981, el IVSS concretó la construcción del dispensario ubicado en la calle Santa Mónica de Ciudad Ojeda.
Pero las gestiones no terminaron allí.
ACIL, junto con otros sectores organizados de Lagunillas, promovió posteriormente el traspaso del Hospital Pedro García Clara al Seguro Social. La aspiración finalmente se concretó en 1984, ampliando la capacidad de atención sanitaria disponible para la población.
Estos episodios muestran nuevamente cómo las demandas empresariales terminaron vinculándose con necesidades que afectaban a toda la comunidad.

La lucha por la autonomía municipal
Otro capítulo fundamental fue la lucha emprendida durante la década de 1970 para conseguir que Lagunillas alcanzara una mayor autonomía política y administrativa.
ACIL se incorporó desde sus primeras etapas a esta movilización de la sociedad civil, que implicó años de reuniones, gestiones y encuentros con autoridades regionales y nacionales.
La conquista del estatus de Distrito representó mucho más que un cambio administrativo. Significó que la comunidad pudiera contar con instituciones propias para participar directamente en la conducción y administración de los asuntos locales.
Para Chávez, aquella lucha constituye uno de los mejores ejemplos de lo que puede conseguir una sociedad organizada cuando coloca por encima de los intereses particulares una aspiración colectiva: mejorar las condiciones de vida de sus habitantes.
Educación superior para los jóvenes de Lagunillas
La educación también ocupó un lugar importante dentro de las gestiones de ACIL.
La necesidad de contar con instituciones de educación superior que permitieran a los jóvenes formarse sin tener que trasladarse fuera de la región llevó al gremio a respaldar las iniciativas para establecer una extensión de la Universidad Nacional Experimental Rafael María Baralt (UNERMB) en Lagunillas.
La participación de empresarios y ciudadanos organizados fue determinante para concretar este proyecto, que amplió las posibilidades de formación profesional para las nuevas generaciones.
Una historia ligada a Lagunillas
Desde aquella reunión del 4 de octubre de 1965 hasta nuestros días, la historia de ACIL se ha desarrollado paralelamente a la transformación de Lagunillas.
La expansión de la infraestructura, el fortalecimiento de la actividad industrial, la capacitación laboral, la búsqueda de mejores servicios de salud, la lucha por la autonomía municipal y la promoción de la educación superior forman parte de un mismo proceso: el esfuerzo de una comunidad por construir las condiciones necesarias para su desarrollo.
Por eso, resulta difícil contar la historia contemporánea de Ciudad Ojeda y del municipio Lagunillas sin hacer referencia a ACIL y a las generaciones de empresarios y ciudadanos que participaron en sus diferentes etapas.
El legado de la asociación no está únicamente en sus instalaciones, documentos o juntas directivas. Está también en las obras, instituciones y procesos que ayudó a impulsar durante décadas.
Reconocer esa trayectoria significa reconocer igualmente a quienes hicieron posible la creación y permanencia de la organización, así como a las distintas juntas directivas que asumieron el compromiso de promover empleo, producción y desarrollo.
ACIL forma parte de la memoria viva de Lagunillas. Su historia demuestra que el desarrollo de un municipio no depende exclusivamente de sus autoridades o de sus empresas, sino también de la capacidad de una sociedad organizada para identificar sus necesidades, plantear soluciones y trabajar de manera sostenida para hacerlas realidad.
A 61 años de aquella primera reunión en el Hotel Europeo, el legado permanece como parte de la historia de Lagunillas y como un recordatorio de que el progreso de una comunidad también se construye desde sus gremios, sus empresarios y sus ciudadanos.

Por: Francisco “Kiko” Chávez
Cronista del municipio Lagunillas

