Historia de un citojense. Discriminación laboral en Perú es evidente e injusta

Solo tener un acento venezolano ya alarma a los compañeros peruanos en un lugar de trabajo; se encienden los focos de xenofobia y la discriminación se hace evidente.

Ser peruano por naturalización, es igual a ser extranjero ante los ojos de sus connacionales que se niegan a abrirles paso en el país que vio nacer a la generación anterior y que se vio forzada a migrar como hoy lo hacen 6 millones de venezolanos.

José Camacho, (un nombre ficticio para resguardar la integridad del entrevistado), es un ciudadano peruano nacido en Maracay (estado Aragua) , pero con una amplia trayectoria profesional en los campos petróleos de Ciudad Ojeda (en el Zulia), comparte la historia de cómo sus connacionales lo hacen a un lado y hasta le piden el DNI para para validar su nacionalidad.

“Me miran con recelo, me hacen a un lado”, cuenta Camacho que es padre de 5 hijos y tiene 37 años.

También cuenta los abusos de los son víctimas todos aquellos que no tienen la posibilidad de denunciar abusos.

De Lima a Ica en búsqueda de oportunidades

Ica es una ciudad del centro sur del Perú, capital del departamento del mismo nombre. Es una región de tierra fértiles en la que se producen frutas destinadas a la exportación. Allí fue donde Camacho vio una oportunidad de trabajar y vivió de cerca la discriminación “por parecer”.

“El marzo del año pasado no renovaron los contratos a los venezolanos, yo entre ellos”.

Según cuenta Camacho, el procedió e investigar lo ocurrido y, a través de un capataz de confianza buscó información y conoció que en recursos humanos temían que “los venecos”, como se referían de manera despectiva a los trabajadores extranjeros, hicieran valer la cláusula que los obliga a repatriarlos  una vez que termine la relación laboral.

No obstante, para el momento en que no se renovaron los contratos, él estaba de permiso por paternidad. (En Perú corresponden 10 días remunerados a un hombre que se acaba de convertir en padre) y solo le querían reconocer 5. Esto fue el principio de una larga pelea.

El principio de la batalla interna

Camacho, por más que no quisiera estar ahí, no podía cambiar de trabajo así que lo defendió a un costo muy alto.

Habló con el encargado de recursos humanos del fundo (empresa con terreno para cultivar frutas según la temporada) y le expuso sus motivos por mensajes por nota de voz:

“Lo que nos hicieron , no se hace. Yo estoy aquí porque temo que a mis hijos le falten cosas”, fueron sus palabras el emisario de la corporación. También le advirtió que tenía pruebas que podrían incriminar a todos los jefes y demás altos cargos por negligencia. Por esas palabras, se cortó la comunicación y fue bloqueado para que no intentara un nuevo contacto.

Superado ese trago amargo fue llamado para trabajar en otro espacio en el que era más difícil de acceder. “Estaban tratando de hacerme renunciar, pero no lo hice”.

“Durante un buen tiempo me tocó caminar 45 minutos para tomar el transporte que me llevaba al fundo a las 5 de la mañana”, recuerda.

El segundo llamado de recursos humanos

Poco después de que llegara a las “altas esferas de la compañía” el mensaje donde se advertía de pruebas que podían poner en riesgo su trabajo, fue nuevamente convocado a recursos humanos,

El encargado, que ya había bloqueado previamente a Camacho, ahora lo intentaba intimidar:

“¿si te maltratan por qué estás aquí? y yo lo respondo que por mis hijos. Que tengo un contrato y lo que quiero es trabajar”.

Acto seguido el funcionario de RRHH responde que su presencia no es grata y empieza a mostrar una actitud hostil.

Al ver su compartimento, le muestra un video en el que se evidencia la negligencia dentro de los campos donde se cosechan las frutas, los cuales pueden ocasionar la muerte de otra persona, como asegura Camacho, ya ocurrió en el pasado.

“Lo miré a los ojos y le dije: Que bueno son para joder y malos para resolver. Qué vas a hacer, tienes dos opciones o me dices, vete para tu casa porque me caes o mal o te pones al día con la ley”, expresa con tono desafiante.

El miedo de denunciar

Camacho sabía que tenía todas las de ganar, pero en un país donde se resuelve todo con dinero, tener el DNI no es suficiente.

Sostiene que poco se puede hacer para la defensa de los derechos pues fuera de Lima los abusos son mayores ante las personas vulnerables y tuvo miedo no solo de las acciones que podía emprender la empresa en su contra si no de quedarse sin un sustento para su familia.

El ciudadano peruano venezolano, se retiró de ese empleo hace dos meses. Lo hizo por “su salud mental”, pero ahora le queda duda, ¿Qué hubiera pasado si la denuncia hubiese sido presentada y las autoridades tomaran las acciones correctivas?.

Para la elaboración de este trabajo, se cambió el nombre del denunciante y se omitieron detalles de las personas involucradas por seguridad de la persona que expuso los maltratos.

Venenewsperu

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