«Las madres en tiempo de pandemia»

El Papa Francisco en la exhortación apostólica Amoris laetitia señala que una sociedad sin madres sería una sociedad deshumana, porque ellas siempre saben testimoniar incluso en los peores momentos, la ternura, la dedicación y la fuerza moral.

Hoy cuando la humanidad se ve enfrentada por la pandemia de  enfermedad por coronavirus muchas de ellas han respondido a lo señalado. Lo vemos por ejemplo en las madres, que han compartido sus bienes con personas en situación de calle, y preparan cada día una comida para ellos, sin ninguna intención más que la del amor que las mueve;  aquellas que están dando su vida en los hospitales, que con toda su dedicación y conocimiento atienden a los que allí acuden en busca de salud. Mujeres que hoy deben delegar su rol de madres porque brindan un aporte invaluable al mundo de la ciencia, buscando incansablemente la vacuna contra este virus o trabajan diariamente sin parar en laboratorios de análisis clínicos.

No puedo dejar de mencionar a todas aquellas madres profesoras, que desde sus hogares dan no solo los aprendizajes que el currículo les exige sino la contención a cada uno de sus estudiantes en cada situación en particular. Hay muchas “madres” que están ahí, de pie, al lado de ese hijo o hija que puede ser ese enfermo, indigente, migrante, estudiante, cesante, embarazada o adulto mayor, al cual transmiten todo su amor y ternura, respondiendo a la escucha y puesta en acción del Evangelio del amor a Dios y al prójimo.

Muy ciertas son las palabras del Papa Francisco “las madres son el antídoto más fuerte a la difusión del individualismo egoísta. Individuo quiere decir que no puede ser dividido. Las madres, en cambio, se dividen a partir del momento en el que acogen a un hijo para darlo al mundo y criarlo”.

No obstante, precisamente debido a la condición natural de la mujer, de la posibilidad de la maternidad, hemos subsistido con una amplia brecha entre hombres y mujeres, producto del escaso incentivo y apoyos efectivos provenientes del Estado y de la sociedad en general (cf. PNUD 2019). Por ejemplo, en el limitado acceso de las mujeres al mercado del trabajo. Según la OIT en Chile, el 50,6% de las mujeres en edad activa forma parte de la fuerza de trabajo nacional, versus un 74,4% de hombres. Asimismo, respecto a la previsión social, según el Informe GET (2018), al no tener la mayoría de las mujeres un trabajo remunerado, atribuyendo su inactividad al peso de las tareas domésticas y de las responsabilidades de cuidado familiar, surge esta condición de desventaja permanente durante su ciclo de vida activa, que se suma a las diferencias que hace el sistema previsional en el cálculo del monto de sus pensiones, porque tienen una mayor esperanza de vida que los hombres.

Todo eso resulta en que, al momento de jubilar, ellas reciban pensiones más bajas que ellos. En suma, todo esto se confabula para la escasa valoración de la maternidad en nuestra sociedad.

Ser madre no significa sólo traer al mundo un hijo, sino es también una elección de vida, por eso, hoy más que nunca, en este momento de crisis mundial por la pandemia de coronavirus, cobran fuerza las palabras del Sumo Pontífice: “Un mundo que mira al futuro sin mirada materna es miope. Podrá aumentar los beneficios, pero ya no sabrá ver a los hombres como hijos. Tendrá ganancias, pero no serán para todos. Viviremos en la misma casa, pero no como hermanos. La familia humana se fundamenta en las madres. Un mundo en el que la ternura materna ha sido relegada a un mero sentimiento podrá ser rico de cosas, pero no rico de futuro”.

 

Alicia Sanhueza Estay, académica de la Facultad Eclesiástica de Teología de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso, publicada en el diario El Mercurio de Valparaíso.

Deja un comentario