Opinión. «Negociación y Elecciones»

Seguimos mal, muy mal como país. Así como nos costó entrar al Siglo XX, hoy algunos se empeñan en que no entremos al Siglo XXI. Se nos ha hecho difícil, pero venciendo las dificultades, corresponde a la nación venezolana hacer todo para terminar esta tragedia y convertir a nuestro país en espacio de educación, trabajo, emprendimiento, desarrollo y progreso.

Para esto debemos tener claro la criminal dictadura a la que nos enfrentamos y la necesidad de presionar para lograr nuestro objetivo de cambio político.

Este año 2021 muestra dos escenarios dominantes. Algunos apuestan a una negociación que permita visualizar una solución política a la profunda crisis que vivimos. Yo la concibo solo si contamos con la observación de países de América y Europa; pero también Rusia, China y otros que forman parte del eje de apoyo al dictador venezolano. El otro escenario que muchos ven como una oportunidad, son las elecciones de gobernador. Pienso que ambos escenarios están profundamente vinculados.

Porque la única forma en que ir a una elección regional tenga sentido, es que esté enmarcada en una amplia estrategia que nos lleve a una negociación –con nosotros actuando como bloque y no aislados– en la que, producto de la presión interna e internacional, se logren condiciones electorales y un cronograma que incluya elecciones presidenciales y parlamentarias libres, aunque no estén de primeras en ese cronograma. Si las regionales se logran en este contexto, tiene sentido ir a ellas.

De lo contrario, sería inoficioso ir a una farsa electoral que no sirva para que la gente pueda manifestarse y su opinión sea respetada, ni para vislumbrar un cambio político en el país.

Este momento es muy grave. Y no podemos pensar en algo distinto a la necesidad de lograr un cambio político en Venezuela. No existe cambio económico y social si no logramos cambiar la realidad política que ha sido la causante de la tragedia que vivimos. No podemos pensar en otra aspiración personal que no sea lograr la liberación de Venezuela. Ningún cargo será importante si su obtención no se hace para impulsar el cambio político que anhela el país. ¡No nos equivoquemos de nuevo!

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