Día del Abuelo: «Santa Ana y San Joaquín, los abuelos del Niño Jesús»

La veneración hacia San Joaquín y Santa Ana ha existido al menos desde el siglo IV, de acuerdo con la tradición, Ana nació en Belén de Judea y se casó con Joaquín que era de Nazareth, de la región de Galilea, ambos eran descendientes del Rey David.

Joaquín era un hombre rico y temeroso de Dios y se había casado a los 20 años con la jovencita Ana, de su misma tribu, era un matrimonio feliz pero al cabo de 20 años de matrimonio no tenían hijos.

Joaquín por su parte era muy generoso en las ofrendas del templo, pero un día, en el templo, un escriba se burló de él diciéndole “no eres digno de presentar tus ofrendas, porque nunca has tenido hijos”, y eso lo interpretaban como un castigo de Dios.

Afligido y humillado, Joaquín se retiró al desierto a orar y a hacer ayuno durante 40 días para que Dios le concediera un hijo. Mientras tanto, Ana también hacía oración y ayuno para pedir a Dios la misma gracia.

Ana, en oración en su jardín, suplicaba a Dios diciéndole “Oh Dios de nuestros padres, óyeme, bendíceme a  mí a la manera en que bendijiste el seno de Sarah dandole como hijo a Isaac”.

En eso, dirigió su mirada hacia el árbol que tenía adelante y viendo en él a un pájaro que estaba alimentando a sus pajaritos, exclamó amargamente “ay de mí, ¿a quién me asemejo yo? Ni siquiera a las aves del cielo, pues ellas son fecundas”.

La humilde súplica de Ana obtuvo una respuesta inmediata. Un ángel del Señor se le apareció anunciándole que iba a concebir y a dar a luz y que de su prole se hablaría en todo el mundo.

Nada más oír eso, Ana prometió ofrecérselo a Dios al instante. Al mismo tiempo, Joaquín recibió un mensaje idéntico en el desierto, por lo cual, lleno de alegría, volvió al punto a reunirse con su esposa.

La fiesta de Joaquín y Ana se celebra el 26 de julio, pero en la iglesia oriental lo celebran dos días muy interesantes, el día después de la Inmaculada Concepción, el 8 de diciembre, pues en el vientre de Santa Ana se formó María la madre de Jesús, sin mancha de pecado original, y al día siguiente de la Natividad de María, que se celebra el 8 de septiembre, pues de Santa Ana nació la Virgen María, madre de Jesús. Dos hechos que ocurrieron en el seno de Santa Ana.

Ahora la prueba más grande de la santidad de Joaquín y Ana ha sido la devoción larga, constante y universal que han tenido todos los miembros de la Iglesia para con ellos.

Joaquín y Ana quizás no entendían toda la misión mesiánica de su pequeño nieto, como patronos de los abuelos, Joaquín y Ana inspiran a muchos abuelos a vivir santamente y a velar por el bien espiritual y físico de sus nietos pues cada nieto tiene una misión maravillosa en el plan de Dios y con Dios siempre ganamos.

800N

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