Opinión. Reflexión en el Tiempo

En el mes de septiembre del año 2012, tuve la oportunidad de leer un artículo en una revista de circulación mundial, que señalaba la inquietud de las amenazas que merecían una seria atención para el mundo, entre ellas: la súper población, la escasez de alimentos, de agua, desastres naturales, guerra nuclear, las epidemias y la posibilidad de un colapso financiero mundial.

Transcurridos ocho años, a manera de profecía los dos últimos señalamientos se han hecho realidad: la epidemia “Coronavirus Covid-19” y un colapso en el orden económico mundial.

Una vez más, el pensamiento creativo del hombre interpreta las lagunas ficticias y pragmáticas y se hace intérprete de la vida y la conciencia crítica de su tiempo para dejar abierto un razonamiento imponente, asumiendo los fracasos y debilidades.

Atendiendo a la tensión que está ocurriendo en todo el planeta tierra sobre esta enfermedad, que está dejando en condición letal a miles de seres humanos y millones de contagiados; se hace necesario reflexionar en este escenario que se ha convertido en un patíbulo común.

Esta dramática situación nos está dejando unas enseñanzas y una lectura en el comportamiento humano individual y colectivo, máxime en quienes tienen la responsabilidad de conducir las sociedades por el sentido de la solidaridad, hermandad, igualdad social, planificación y la garantía de salvaguardar la salud en las vidas humanas.

Es lamentable ver y presenciar cómo se desmoronan los más elementales principios de humanismo; convirtiendo el sentimiento y la valoración del hombre como sustancias cosificadas y fosilizadas.

Este amenazante flagelo, ha puesto en movimiento permanente la cibernética, el pensamiento filosófico y científico; conjugando esfuerzos para una actitud racional, descifrando las más intrigantes interrogantes que giran por la mente humana. Por ello, es necesario la reflexión, el acercamiento a la voluntad divina: “Luz que enciende la sabiduría”… así mismo indicamos, que el poder creador que asiste en posibilidades, amén de la eliminación de las ataduras y cegueras que limitan el ejercicio del “entender” obligan al hombre a razonar.

El ser humano se distingue por su capacidad de creación, pero desgraciadamente se singulariza a veces por su capacidad de destrucción.

En esta reflexión, cuando el tiempo lo amerite, se hace necesario una revisión del poder político mundial como guía y controlador de la sociedad, porque el problema es de pensamiento y razonamiento.

José Lunar Lira/Filósofo.

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