Belleza en tiempos de pandemia: zulianas luchan para mantener su apariencia

Por sus características regionales de exuberancia, extroversión y vanidad, las mujeres del estado Zulia, Venezuela, buscan a lo largo de sus vidas mantenerse tan bellas como les sea posible.

Entre los 12 y 14 años de edad comienzan a afeitarse las piernas y el vello facial resulta un pecado entre mayoría de las jóvenes que comienzan sus estudios en el liceo, una pequeña lista a la que las mujeres adultas agregan más condiciones.

Sin embargo, en épocas de reclusión social por la COVID-19 y con un aumento salarial del 60% que tomó vigencia el primero de mayo y causó el sobreprecio de todos los productos ¿Cómo resuelven las zulianas su necesidad de lucir hermosas?

“Primero muerta que sencilla” es lo que piensan siete de cada diez zulianas cuando reinventan sus ingresos para comprar tintes para el cabello o agendar una cita con sus manicuristas de confianza.

De acuerdo con la ama de casa, madre y abuela de 52 años, Norvis Ordóñez, un tinte profesional con precios de 500 mil en adelante, como los que solía comprar en comercios estéticos, ya no son asequibles para su cuenta bancaria, pero eso no la detiene en impedir el crecimiento de sus canas.

“Así sea un tinte importado de china, de los que no cuestan más de 100 o 150 mil, tengo que comprar. A veces invito a dos o tres amigos a comer en mi casa y en las fotos no puedo salir como una vieja”, comentó entre carcajadas la ama de casa del municipio Cabimas.

Como Ordóñez, muchas zulianas piensan de la misma forma, a pesar de que no asistan a alguna reunión o no salgan a fiestas, les gusta mantener el color de su cabello intacto y para eso recurren a productos capilares más económicos.

Hay quienes incluso pensarían con pesar: “Para comprar el tinte de la marca que quiero en 600 mil, compro mejor un kilo de carne molida”.

Del salón de belleza a la casa

Actualmente los salones de belleza o las peluquerías no están laborando, por lo menos abiertamente al público, por consecuencia de la cuarentena establecida para combatir el coronavirus.

Además, las peluqueras particulares que trabajan yendo de casa en casa cobran entre 200 o 300 mil dependiendo del arreglo que hagan.

La citojense Yineth Corona, quien de vez en cuando ofrece sus servicios como peluquera particular, cuenta que hoy en día ya no es tan solicitada por sus clientas usuales.

“La verdad, yo lo entiendo. Estamos en una situación muy difícil económicamente. Tengo amigas que me piden prestada la plancha o el secador de cabello y no se los niego porque ya el encierro deprime y verte al espejo y no sentirte bien con tu apariencia es peor”.

Y es cierto, no todas las mujeres del Zulia cuentan con las herramientas para arreglarse el cabello por lo que muchas las prestan o entre amigas se ayudan.

“Yo no soy peluquera profesional, pero sé lo mío. Yo pinto, corto, plancho y seco el pelo de mi hija y el mío y si una amiga o familiar quiere que la ayude, que se compre su tinte y yo llevo lo demás” aseguró la ama de casa de 50 años, Maribel Perdomo.

“En mi casa tengo secador y plancha, los cepillos, tijeras para el cabello, matizantes para el tinte y gorros para las mechas. Mis amigas vienen con sus tintes y decolorantes o aguas oxigenadas porque no voy a dejar que gasten en una peluquería” finalizó.

¿Dónde quedan las manicuras o las uñas postizas en todo esto?

Para la mayoría de las zulianas, el alto costo de la instalación o manutención de las uñas postizas les impidió seguir luciendo unas manos de portada.

Según Ordóñez, todas sus manicuristas de confianza fijaron sus precios en más de siete dólares, lo que al cambio serían un millón 246 mil bolívares, una diferencia de más de 440 mil del sueldo mínimo oficial de 800 mil bolívares con cesta tickets.

“Me dio dolor ver que mis uñas postizas del número cinco se cayeron. Siempre me han gustado largas, pero hace años que las mías no crecen como quiero”, dijo mientras miraba con pesar sus uñas naturales pintadas con un esmalte rosado.

A pesar de esto, también existe una pequeña pero significante población femenina que puede darse el lujo de hacerse las uñas.

“Mis manicuristas, quienes también son mis amigas, me dicen que continúan teniendo clientas y suelen subir las fotos de sus trabajos en WhatsApp. Todas trabajan siendo muy meticulosas con la higiene”.

“Una de ellas puso en el estado su propio reglamento para las clientas: quitarse los zapatos antes de entrar, lavarse bien las manos, usar en todo momento el tapabocas y pidió a quienes tuvieran gripe que se abstuvieran de agendar una cita”, aseguró la ama de casa.

La apariencia y el autoestima

El mundo de la belleza se conoce por ser muy costoso y doloroso, pero las mujeres del Zulia y todo el mundo sufren las dificultades para mantener su estética personal por los problemas ocasionados por el coronavirus.

De acuerdo con la psicóloga Pilar Conde, en las mujeres que valoran mucho la imagen personal “el impacto de no sentirse bien con su apariencia externa será muy elevado”.

No poder mantener las rutinas de belleza generan estrés y ansiedad, que al ser más constantes pueden causar en el peor de los casos depresión o un transtorno dismorfofóbico.

Por lo que Conde le sugiere a estas mujeres que le dediquen tiempo a otros aspectos de su vida que las hagan sentirse felices consigo mismas.

“Así construirán una base de autoestima basada en todas las áreas de vida, llevándose a sentirse capaces y valorarse en dichas áreas”.

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