Hace 56 años un tanquero derribó una parte del puente sobre el lago

Un 6 de abril, hace 56 años, el tanquero petrolero Esso Maracaibo derribó una sección del puente sobre el Lago de Maracaibo, ocasionando la muerte de siete personas y el hundimiento de 4 vehículos.

Nada tenía por qué salir mal. Era un trayecto de rutina para la inmensa embarcación, que esa noche estaba piloteada por un marino curtido en los siete mares, el capitán de altura de la marina mercante venezolana, Avelino González Zulaika, nacido Vizcaya, España.

Se había graduado de piloto en 1936 y nacionalizado venezolano diez años más tarde. Era uno de los fundadores de la Escuela Náutica de Maracaibo y había estado al timón de siete tanqueros de la compañía. No por nada le habían dado el mando de uno de los cargueros más importantes de Venezuela: el Esso Maracaibo, desde Japón al Zulia en su viaje de estreno.

A las 11:50 de la noche, el tanquero avanzaba por la boya número 81. El capitán ordenó a la sala de máquinas seguir “despacio avante” para reducir la velocidad de la nave de nueve a cinco nudos. Ya estaban muy próximos a pasar bajo el puente sobre el lago de Maracaibo y, por normas de navegación, debía aminorarse la velocidad.

No daría tiempo a cumplirse el trámite. A las 11:53 pm, cuando ya estaban tan cerca las luces del puente que sus contornos se veían con toda claridad, se produjo un cortocircuito en la caja de conexiones del turbogenerador 2. Y se desató el caos.

El Esso Maracaibo era un barco tanquero de petróleo que transportaba crudo desde el lago de Maracaibo y la península de Paraguaná hacia el Caribe, para ser refinado en Aruba. Había sido construido para la Petroleum Corporation por el consorcio industrial japonés Hitachi Zosen, en sus astilleros de Innoshima, Japón.

Aquella noche desplazaba 36.000 toneladas sobre las aguas oscuras cuando de repente salieron llamas de los tableros. El personal de guardia intervino de inmediato. Trataron de apagar el incendio y arrancar el turbogenerador 1 para suplantar el dañado. Pero la concentración de humo y gas carbónico casi asfixió al fogonero, un margariteño llamado Marcos Salas.

El buque se quedó sin energía e inmediatamente el timón quedó aislado. Al interrumpirse la energía eléctrica en el barco, se apagaron las máquinas, se trancó el timón y el Esso quedó a oscuras y a la deriva.

A las 11:55 pm, apenas 400 metros separaban la mole descontrolada de la estructura. El capitán González Zulaica -escribió después en su informe el presidente de Creole, Harry Jarvis- trató de evitar un choque contra el puente en su zona neurálgica (las pilas, el lugar por donde suelen pasar los barcos). Quiso aprovechar al máximo el efecto del viento, de la corriente y del timón trancado a estribor. Por eso, ordenó de inmediato a dos marineros que lanzaran el ancla de proa de estribor para forzar el barco lo más rápido posible a la derecha, y evitar el choque. La maniobra en parte dio resultado, pues el barco se desvió a estribor saliendo del canal. Pero la distancia era tan corta que no permitió el viraje completo.

Dos medidas igual de audaces intentó, pues, el capitán, quien ordenó echar el ancla y encallar el buque en los bancos de arena a los lados del canal de navegación. Pero ninguna de las dos evitaron la colisión.

Las víctimas que viajaban en carros fueron Manuel Cano, Rafael Antúnez, Pedro Zavarce, Claudio Prieto y una mujer, Laudice Ortiz Córdova, colombiana de 22 años, que trabajaba en un bar en Maracaibo. En la camioneta, cargada de patillas, iban Robinson Finol Villalobos, de 48 años, y su hijo Alberto, de 18.

Al verlos caer, el margariteño Felipe Marval, fogonero y aceitero del barco, se lanzó a las aguas con la esperanza de encontrar sobrevivientes. No lo logró, como tampoco la merecida medalla del recuerdo nacional por su acción heroica.

Marval no fue el único que se movilizó con la presteza que el momento exigía. A las 12 y 24 minutos ya estaban las primeras lanchas en el sitio de la tragedia. Y muy pronto llegarían también los bomberos marinos, buzos y equipo especial de salvamento, Antonio José Romero y Octavio Andrade Delgado, capitán del Puerto y gobernador del Zulia para la época, respectivamente, y personal de la Creole.

Correo de Lara

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