Co-patrono de Cabimas. 431 años de la muerte de San Benito

La cuarentena social obligó a sus fieles devotos a rendir culto desde sus hogares; los tambores no sonaron y las banderas azul celeste y blancas de sus chimbangueles se mantuvieron inertes.

El 4 de abril de 1589 expiró dulcemente a la edad de 63 años, Benito  de Palermo, había enfermado de gravedad  pronunciando las palabras de Jesús moribundo: «En tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu”.

Su culto se difundió ampliamente y vino a ser el protector de los pueblos negros. Fue canonizado por Pío VII el 24 de mayo de 1807, pero se ha convertido en el santo de los pueblos de la COL y del  Sur del Lago en el estado Zulia.

Han transcurrido 431 años desde aquel momento y se designó al 4 de abril para conmemorar la muerte del Co-patrono de la Diócesis de Cabimas, San Benito de Palermo,  día natal, en este caso significa día de su nacimiento al cielo, por lo que quedó institucionalizado como el día de San Benito.

Este año, su conmemoración no será como la de años anteriores, con la tradicional procesión que parte desde la parroquia Nuestra Señora de Guadalupe en el sector Los Laureles hasta la Santa Iglesia Catedral Nuestra Señora del Rosario de Cabimas. La cuarentena social obligó a sus fieles devotos a rendirle culto desde sus hogares, los tambores no sonaron y las banderas azul celeste y blancas de sus chimbangueles se mantuvieron inertes

A este San Benito se le llama de Palermo, por la ciudad en que murió, o de San Fratello o San Filadelfo por el lugar en que nació, o también el Moro o el Negro por el color de su piel y su ascendencia africana. De joven abrazó la vida eremítica, pero más tarde pasó a la Orden franciscana. No tenía estudios, pero sus dotes naturales y espirituales de consejo y prudencia atraían a multitud de gente. Aunque hermano lego, fue, no sólo cocinero, sino también guardián de su convento y maestro de novicios..

Se le tenía en tal aprecio que en 1578, siendo religioso no sacerdote, fue nombrado superior del convento. Por tres años guió a su comunidad con sabiduría, prudencia y gran caridad. Con ocasión del Capítulo provincial se trasladó a Agrigento, donde, por la fama de su santidad, que se había difundido rápidamente, fue acogido con calurosas manifestaciones del pueblo.

Nombrado maestro de novicios, atendió a este delicado oficio de la formación de los jóvenes con tanta santidad, que se creyó que tenía el don de escrutar los corazones. Finalmente volvió a su primitivo oficio de cocinero, el cual ejerció con  gran espíritu de sacrificio y de caridad sobrenatural. Se le atribuyeron muchos milagros.

 Un gran número de devotos iba a él a consultarlo, entre los cuales también sacerdotes y teólogos, y finalmente el Virrey de Sicilia. Para todos tenía una palabra sabia, iluminadora, que animaba siempre al bien. Humilde y devoto, redoblaba las penitencias, ayunando y flagelándose hasta derramar sangre. Realizó numerosas curaciones.

Cuando salía del convento la gente lo rodeaba para besarle la mano, tocarle el hábito, encomendarse a sus oraciones. Dócil instrumento de la bondad divina, hacía inmenso bien a favor de las almas.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s