SERVIDUMBRE EN EL SIGLO XXI

Transcurridos veinte años de este siglo XXI un siglo que el mundo entero pronosticó con grandes expectativas transformaciones estructurales, cambios sociológicos, progreso en la lucha por la paz, impactos acelerados en la revolución cibernética; nuestro país “Venezuela”, entra al portal de este histórico siglo retando los dos grandes dominios en los que se desarrolla la vida humana: naturaleza y sociedad.

A decir, cuando la naturaleza y sociedad escapan al control humano y caen en manos de las fuerzas oscuras de la irracionalidad, surge la tiranía y con ella, la aniquilación de la vida y el desprecio por lo humano.

Pareciera que esa realidad, hoy sostenible con la razón que induce la cultura mental, haya logrado la transición a la cultura material, de quienes en el tiempo señalado han regido el destino del país. Señalemos que en esa cultura material se evidenció todo un cúmulo de frustraciones durante las últimas cuatro décadas del siglo XX; lo que significa que la sociedad como fuerza de poder en dominio de la opinión pública hizo posible un cambio de sistema bajo una política de incógnitas, sin fundamentos filosóficos definidos que trajo consigo las más absurdas manifestaciones en la dinámica política, social y correlaciones humanas.

Veinte años experimentando, “inventando”, un proceso que ha llevado al caos a millones de venezolanos; donde se ha sembrado la más brutal ignominia de la raza humana en gran extensión de este planeta tierra. Entendida filosóficamente en la historia, como la injusticia entre quienes ostentan el poder y la riqueza y a quienes obligan a vivir en la miseria.

Dos décadas controladas al empobrecimiento mental, creación de falsas necesidades, humillación y dependencia, donde se ha llegado a declarar la guerra a la naturaleza y en consecuencia a la vida humana. Veinte años de continuos asesinatos al medio ambiente, al progreso; contribuyéndose al entontecimiento colectivo, signos en que el hombre puede convertirse en deformador de su inteligencia, en enemigo de sí mismo.

Así se explica que todas las ideas creadoras se olviden, aniquilando las estructuras sociales, valga pensamiento del artista plástico Cabimense  Lucidio González: “Al venezolano se le está llevando a que no piense, a que su capacidad creadora esté sujeta no a los procesos manuales como actividad productiva del pensamiento, sino a un embrutecimiento degradante”. Deduciéndose de esta interpretación, que se da la esclavitud cuando se pierde el poder creativo.

Por ello vemos actuar en los distintos escenarios de la vida pública a personeros responsables de este ciclo antihistórico como mercenarios en la guerra de las ideas, enclaustrados en la obediencia exterior, simulando a Somerset Maughan en “Demian”…

Sencillamente gregarios: “Siguen ideas ajenas sin importarles las suyas”, y a decir de Inmanuel Kant: “El que obedece a una autoridad exterior, obra necesariamente sin conciencia”.

José Lunar Lira

Filósofo.

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