Opinión: Escribir para vivir

Se vive en la escritura, por ello decimos, que escribir es un modo de hablar, de convivir con lo humano y lo racional. Escribir es el alma del pensamiento como fuente del poder más grande del mundo.

El poeta mejicano Octavio Paz, en una de sus reflexiones dijo: “Somos tiempo y el tiempo se nos acaba”. Es una realidad innegable, es nuestra misma vida en lid con la existencia.

Escribir es transmitir, es convertir palabras, pensamientos, voces en la superficie del cristal; es una labor solitaria y de solitarios.

Hablar de poesía, es conectar la belleza, el arte y la naturaleza, es una manera de estar en el mundo. Al respecto, he culminado mi segundo libro de poemas: “Horas, Soledad y Silencio”, una singular experiencia, donde se puso de manifiesto una de las sensaciones más complejas; como lo es encontrarse así mismo en los laberintos de lo inaccesible, en la magia de la voluntad divina, de la creación de “Dios”, de la realidad humana abrigada por laamargura de las horas en el tiempo y espacio.

Según Martin Heidegger, el filósofo tiene que tener tranquilidad de espíritu para pensar… y los poetas sueñan y piensan. La poesía hecha una flor, también puede ser la lava de un volcán. En esa dirección, la tarea de los filósofos y poetas, es contribuir a la armonía y convivencia de la presencia humana en el mundo y a sus axiomas de transformación. De esto no escapa cantarle a la realidad social venezolana; una población sumida en el foso de la evolución, sentenciada en el patíbulo de la historia con cargos por servidumbre humana, el derecho a la vida y a las libertades esenciales para la subsistencia.

Una sociedad donde sus valores son demolidos por la misma rueda de la justicia, llegándose a extremos de cosificación y opresión; perdiéndose los principios de identidad. Valga una de mis sentencias: “no hay nada más penoso que el desprecio por lo humano y nada más degradante que ser insignificante en el corredor de la desesperanza”

Es esta espinosa pasarela, no somos más que mutantes alienados… como el caer de las hojas de los árboles que son pisoteadas por los pasos de la indolencia. Bajo esta realidad, sólo la fé y la esperanza está sembrada en la cotidianidad del venezolano como oración de salvación. Lo dice “Milikin”: “la fé es dar el primer paso, así no se vean los escalones de la escalera” y la esperanza, es pedirle auxilio a la llama de la luz.

Quienes tenemos un compromiso con lo que significa la valoración humana venezolana, estos dos elementos, son decisivos para cualquier intento de efectuar cambios sociales, que lleven a la vivacidad, conciencia y razones de lucha mayores. Por lo que concebido dentro del concepto de paz, libertad y justicia, lo menos que podemos pensar es que el cansancio jamás agote la fé y la esperanza, en este comienzo del trajinar del año 2020.

José Lunar Lira/ Filósofo

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s