Así era la COL: La Maldición de Rachel

Esta historia aconteció en la calle El Progreso del casco central de Cabimas a mediados de los años 60. En esa época el servicio eléctrico en la región era prestado por la entonces compañía anónima de administración y fomento eléctrico (CADAFE) la cual era implacable con aquellos suscriptores que no tuvieran al día con el servicio.

A pesar de que en esos años en el país había una pujante actividad comercial impulsada por el auge de la industria petrolera, no todas las personas que trabajaban gozaban de solvencia económica que les permitiera vivir desahogadamente.

Muchos padres de familia eran obreros que devengaban un sueldo mínimo, que para pocas personas podía alcanzar, pero que, en aquellos casos, donde la familia era numerosa, era difícil, ya que, no solo era los gastos de alimentación, sino que había que estar al día con los demás servicios, el cual incluía el agua por tubería, ya que en esos años estaban activos los medidores del vital líquido que tiempo después dejaron de funcionar.

Eran años donde salir adelante no era fácil y los adultos mayores que tenían bajo su responsabilidad una familia, debían arreglárselas para solventar las dificultades económicas. No había nada más desagradable que de pronto apareciera una camioneta con una cuadrilla de obreros del INOS (instituto nacional de obras sanitarias) y se llevara el medidor y dejara sin ese servicio a una familia, o que apareciera una camioneta de CADAFE y de igual forma cortaran el suministro eléctrico.

Sin embargo, el ingenio y creatividad de las personas para ponerle solución al asunto se ponían en funcionamiento. Más de uno le instalaba a la poceta donde estaba el medidor de agua un niple que consistía en un tubo pequeño que remplazara al medidor confiscado para que hiciera la misma función. También en el caso eléctrico se solventaba colocando unos ganchos a la línea eléctrica y se conectaba de forma fraudulenta.

Mucha gente humilde tenía la pesada carga de cancelar los servicios públicos y encima pagar también alguna póliza funeraria, la cual para ese entonces se cancelaba la módica suma de un bolívar semanal, o esconderse y negarse al también perfumero que dejaba el producto para ser pagado en cómodas cuotas, de igual forma con el turquito que vendía el corte barato y lo dejaba a crédito, o comprarle la leche a Morroco y hasta una lata de agua potable a Marcelino el agüero.

Fue así como las mujeres siempre ingeniosas se abrieron a los negocios para ayudar a solventar al marido los gastos de la familia y para ello vendían empanadas, pastelitos, arepas peladas y blancas, bollitos pelones, dulce de todo tipo, hielo, hayacas, sopa de mondongo, dupletas, rifas, loterías de animalitos, sanes de hamacas, lavado y planchado de ropa etc.

Una tarde se presentó en la casa de habitación de la señora Rachel, una camioneta de la compañía eléctrica CADAFE y un elemento mal encarado le participó que le iba a suspender el servicio y la humilde señora, de forma cortes, en un tono de ruego, le pidió que por favor reconsideraran esa medida, que ella le prometía que al siguiente día bien temprano iría hasta las oficinas a cancelar la deuda. Aquel hombre mal educado le dio la espada y se dirigió a la camioneta y bajó la escalera y la colocó al poste, al tiempo en que sacaba los instrumentos que se enganchaba con una faja de seguridad, provista de alicate y otros utensilios.

Mientras se colocaba aquella odiada indumentaria de trabajo, la señora Rachel usaba otros apelativos de ruego para que no le cortaran la corriente, pero aquel hombre de aspecto arrogante la ignoraba. Cuando el hombre se encontraba ya encaramado a mitad del poste, la señora Raquel, viendo que sus ruegos no eran tomados en cuenta, opto por abandonar su actitud apacible y entró en cólera.

Ya los curiosos y vecinos se habían amontonados para ver aquel triste espectáculo y fue entonces cuando la señora en cuestión le grito a viva voz y dijo– “PERMITA DIOS QUE ESE POSTE SE ROMPA Y TE CAIGAS DE ALLI, MUERGANO“.

En ese momento, como si aquellas apocalípticas palabras estuvieran provistas de un desconocido poder, el poste crujió y se dobló, generando un chispero como producto de las líneas rozando en el techo de esa casa, que hizo que el hombre perdiera el equilibrio y cayera desde lo alto al pavimento.

Aquel hombre estaba de color amarillo por el susto y cuando medio cogía aliento, un curioso se le acercó y le dijo– Tuviste suerte, nadie sobrevive a una maldición de Rachel y vive para contarlo. Con la velocidad del rayo, aquel hombre se montó en la camioneta y emprendió veloz huida.

Al otro día, cuando la compañía remplazó el tubo, ya Rachel había cancelado el servicio, pero el hecho curioso fue, que la cuadrilla de hombres que trabajaron allí, se portaron sumamente amables con la agraviada señora.

Tomado de Crónicas de Cabimas

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s