La penicilina, el descubrimiento que revolucionó la medicina

Alexander Fleming, escocés, biólogo y farmacéutico, había emprendido la búsqueda de bactericidas y estaba estudiando en 1928 unos cultivos de estafilococos en el sótano de su desordenado laboratorio en el Hospital Saint Mary de Londres.

Cuando regresó tras unas vacaciones, se percató casualmente de que las cepas se habían contaminado con un hongo a cuyo alrededor todos los estafilococos habían sido destruidos: se trataba del penicillium notatum, respecto al que que el médico irlandés John Tyndall había verificado en 1876, sin llegar más allá, que algunas bacterias tenían problemas para medrar cuando este moho de los alimentos estropeados estaba presente.

Fleming comenzó a cultivar este hongo, productor de una sustancia antibacteriana, la penicilina, que podía acabar con docenas de temibles bacterias sin apenas toxicidad para los pacientes.

Pero, por diversos motivos, como la dificultad para producir la sustancia en masa, la ceguera de la comunidad científica respecto a sus aplicaciones reales e incluso el carácter apocado del escocés por el que no era enérgico al exponer su descubrimiento, la importancia y el desarrollo de la penicilina tuvieron que esperar hasta que dos bioquímicos, el inglés Edward Abraham y el alemán Ernst Chain, revelaron la estructura de la penicilina, la purificaron en 1939 y hallaron la forma de producirla en masa según una idea de su colega Norman Heatley en 1941.

el primer fármaco basado en la penicilina que distribuyó la industria farmacéutica era muy eficaz para el tratamiento y e incluso la prevención de la sífilis, por lo que arrinconó al salvarsán de Ehrlich, la meningitis, el tétanos, la gonorrea, la sepsis infantil, la neumonía y la gangrena, además de la mayoría de las infecciones que provocan las heridas.

Así, en el año 1944 se producía tanta penicilina como para tratar a todos los heridos occidentales en las batallas de la Segunda Guerra Mundial. Y hay que decir que esta sustancia también es de aplicación veterinaria: perros, gatos, conejos, aves, erizos, hurones, tortugas o serpientes, por ejemplo, pueden ser tratados con ella.

La aplicación de la penicilina es considerada por muchos científicos el logro más importante de la medicina en el siglo pasado, y todo gracias al empeño científico de personas como el tímido Alexander Fleming, el recluta 606.

Deja un comentario