INFOBAE. Sexo por comida en Venezuela

La avenida Libertador era recordada por las meretrices que ahí hacían vida nocturna. Hoy, pocas son las que se logran ver en la noche, muchas migraron para el horario diurno y otras se unieron a la ola de migración masiva producto de la crisis. 

La inseguridad y la penumbra en las que se encuentra la ciudad son factores que se unen al cambio en el programa.

Sergimar llama la atención en medio de una calle inhóspita de La Florida,  ella llegó a eso de las 3 de la tarde. Era nueva en el negocio, tenía alrededor de tres meses en el mercado.

En un país como Venezuela, donde la inflación podría llegar a 10.000.000 % a finales del año, las tarifas son claras. Un servicio sexual completo cuesta alrededor de 10.000 bolívares soberanos si se cancela en efectivo (USD 1,61 al cambio paralelo de la última semana), pero si se hace en un hotel, vale alrededor de 15.000 bolívares soberanos (USD 2,42) . El método de pago podría llegar a subir la cifra final. Una transferencia bancaria genera un incremento de 5.000. En el caso de cancelar con dólares, puede llegar a costar entre $10 y $20.

Pero la crisis diversifica el mercado. Ahora no solo aceptan bolívares o dólares, sino que las cajas o las bolsas del CLAP, la comida que entrega el gobierno de Venezuela, se convirtieron en un método de pago, una opción viable, y que muchas lo toman como algo cotidiano en medio de la crisis que ha llevado al país a una disyuntiva social, política y económica cercana al abismo.

Sergimar contó cómo ha tenido que cambiar sus servicios sexuales por comida. Cuando eso sucede tiende a pedirle al cliente que la lleve cerca de su casa para dejar la caja de alimento para que no se la roben en la calle, en su puesto de trabajo.

A los 19 años, Sergimar optó por el camino de la prostitución. Quería estudiar, pero no pudo. No podía costear los estudios y decidió viajar desde su pueblo natal hasta Caracas. Un desconocido en Internet fue su trampolín, quien desapareció poco después de su llegada.

Luego de esto, decidió vender contenido sexual a través de una pagina de pornografia local hasta iniciar tiempo completo en La Libertador luego de que un cliente le robara el teléfono.

Intentó buscar trabajo en tiendas, y le fue imposible. En Venezuela, los transexuales no están protegidos por la ley. No cuentan con igualdad de derechos. La ausencia de reconocimiento de la identidad, algo que existe en casi todos los países de latinoamérica, se le suma a sus desventajas sociales.

Venezuela reconoció la identidad de las personas transexuales por vía judicial desde el año 1977 al 1998, con los estándares de la época, cuando el reconocimiento tenía lugar luego de operaciones.

«Aquí se hacen las lucas», aseguró refiriéndose a que podía «hacer dinero rápido». En un día normal de trabajo cobraba 10 mil por un oral y 20.000 por «sexo normal». Sin embargo, contó que el dinero no le alcanza para nada.

Dos harina pan, dos kilos de arroz y un aceite fueron su último pago. Con eso soluciona la comida que tiene que preparar en fogón en algún rincón de alguna calle que consiga. Y mientras se apresuraba para atender a otro cliente, expresó sonriendo y sin tapujos: «Por culpa del maldito de Maduro ¿por qué más?«

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